Por Hernán Toro
El Departamento de Justicia de Trump eliminó recientemente de su sitio web un estudio de larga data que mostraba que la violencia de derecha “sigue superando a todos los demás tipos de terrorismo y extremismo violento doméstico” en Estados Unidos. No se trataba solo de una estadística obsoleta; se trataba de un análisis de 2024 del Instituto Nacional de Justicia que citaba décadas de datos que indicaban que los extremistas de extrema derecha han sido responsables de la mayoría de los homicidios motivados por ideologías, con 520 muertes en comparación con menos de 100 de la izquierda desde 1990.
Este no es un hallazgo aislado, sino que se ve corroborado por numerosos estudios sobre las fuentes reales de la violencia y la radicalización en línea. La investigación es clara: la mayor parte de la violencia extremista, incluidos los ataques inspirados y organizados a través de plataformas digitales, proviene de la derecha. Desde los crímenes de odio transmitidos en directo hasta las cámaras de resonancia que promueven la violencia, el reclutamiento en línea y la desinformación han alimentado visiblemente los movimientos nacionalistas blancos y de extrema derecha.
Ahora, tras el trágico asesinato de Charlie Kirk, la administración está utilizando el incidente para reescribir la historia y señalar a la izquierda, ignorando descaradamente montañas de evidencia y borrando el trabajo de su propia agencia. Es absurdo ver a los responsables del aumento de la violencia arreglándose para desviar la culpa, seleccionando los hechos a su antojo y utilizando la tragedia como arma en lugar de aceptar verdades incómodas.