La Mosca en la Sopa
Confidencial desde el sótano del Congreso – 19 de septiembre 2025
Caracol Radio, ese oráculo de la institucionalidad bien peinada, ha lanzado una afirmación que merece ser enmarcada en oro: “Pese al nuevo llamado de Petro, la Constituyente sigue sin tener ambiente en el Congreso.” Y como toda buena afirmación sin contexto, la fuente es impecable: un puñado de congresistas de oposición, varios de ellos con investigaciones abiertas en la Fiscalía, otros con expedientes dormidos en la Corte Suprema, y todos con una habilidad innata para opinar sobre democracia mientras esquivan la justicia como quien esquiva una alcantarilla abierta en plena carrera séptima.
Así que sí, según los que deberían estar rindiendo cuentas, no hay “ambiente”. Y uno se pregunta: ¿qué tipo de ambiente esperan? ¿Aromas de impunidad? ¿Brisas de clientelismo? ¿Un aire acondicionado institucional que mantenga frescos sus privilegios mientras el país se asfixia en desigualdad?
El Congreso como spa de la impunidad
Decir que no hay ambiente para una Constituyente en el Congreso es como decir que no hay espacio para la ética en una licorera clandestina. El Congreso colombiano, ese templo de la democracia donde se legisla entre almuerzos con contratistas y llamadas de extraditables, no está diseñado para reformarse a sí mismo. Pretender que allí se gesten cambios estructurales es como pedirle a un burdel que redacte el manual de castidad.
Los congresistas citados por Caracol —y que no mencionaremos por nombre, porque ya lo hacen los expedientes judiciales— son los mismos que votaron contra la reforma laboral, que hundieron la reforma a la salud y que ahora se rasgan las vestiduras porque el presidente Petro volvió a mencionar la palabra prohibida: Constituyente.
¿Y qué propone Petro?
Petro, con su habitual tono de profeta cansado, ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de una Asamblea Nacional Constituyente. No para perpetuarse en el poder —como gritan los que sí se perpetúan en contratos— sino para reformar un Estado que ya no responde ni a la ley ni al sentido común. La propuesta incluye cambios en la justicia, el régimen electoral, el modelo económico y la forma en que se eligen los altos magistrados. En resumen: tocar las fibras del poder que hoy están blindadas por pactos mafiosos y alianzas transversales.
Pero claro, eso no tiene “ambiente”. Porque el Congreso actual fue elegido en 2022 bajo las reglas del clientelismo, la compra de votos y el patrocinio de estructuras que hoy se sientan en Dubái a tomar café con polvo de oro. ¿Cómo va a tener ambiente una propuesta que amenaza con quitarles el oxígeno?
Las fuentes: entre lo judicial y lo risible
La nota de Caracol cita como fuentes a congresistas que, en cualquier democracia funcional, estarían inhabilitados para opinar sobre reformas constitucionales. Algunos enfrentan investigaciones por lavado de activos, otros por vínculos con estructuras armadas, y varios por delitos contra la administración pública. Pero en Colombia, tener un proceso judicial es casi un requisito para ser vocero de la oposición.
La senadora Isabel Zuleta lo dijo con precisión quirúrgica: “¿Dónde está la plata que los narcos extraditados entregan a Estados Unidos?” Una pregunta que incomoda a todos los que se benefician del modelo actual, y que revela el cinismo de quienes se oponen a la Constituyente mientras callan ante el saqueo institucional.
¿Y el ambiente ciudadano?
Mientras el Congreso se declara en “ambiente cerrado”, en las calles el aire es otro. Las centrales obreras ya anunciaron nuevas movilizaciones. Las organizaciones campesinas, indígenas y estudiantiles están reactivando sus redes. Y en redes sociales, la consigna “Sí a la Constituyente” empieza a circular con más fuerza que los memes de Álvaro Uribe en modo Al Capone.
Porque el verdadero ambiente no se mide en pasillos alfombrados, sino en plazas, barrios y veredas. Y allí, la idea de una Constituyente no suena a amenaza, sino a posibilidad. A ruptura con el pasado. A oxígeno democrático.
¿Qué teme la oposición?
La oposición teme que una Constituyente desmonte el sistema de privilegios que les permite legislar sin rendir cuentas. Temen que se reforme la justicia para que los procesos no se archiven por “falta de pruebas”. Temen que se cambie el modelo electoral para que los votos no se compren con tamales y promesas falsas. Temen, en resumen, que el país despierte.
Y por eso repiten como mantra que “no hay ambiente”. Porque si lo hubiera, tendrían que salir del Congreso por la puerta trasera. O por la puerta de La Picota.
¿Y ahora qué?
La Constituyente no será convocada por decreto. Lo sabemos. Requiere ley, consulta popular y voluntad política. Pero también requiere presión social, pedagogía ciudadana y ruptura narrativa. Y en eso, el gobierno tiene una tarea pendiente: explicar con claridad qué se quiere cambiar, cómo se va a hacer y quiénes serán los garantes del proceso.
Mientras tanto, los medios deberían revisar sus fuentes. Porque citar a congresistas investigados para afirmar que no hay ambiente para una reforma que los incomoda, es como preguntarle al zorro si el gallinero necesita vigilancia.