Redacción Colombia Mundo
Nueva York. La Organización de las Naciones Unidas conmemora esta semana su 80 aniversario, pero el ambiente está lejos de ser solemne. El escenario que acompaña la reunión anual de la Asamblea General es el de un mundo convulsionado: guerras en Ucrania, Gaza y Sudán; divisiones crecientes en el Consejo de Seguridad; y una crisis financiera que amenaza con paralizar la maquinaria de la institución.
Lo que debía ser un momento de celebración se ha convertido en un recordatorio incómodo de la fragilidad de un sistema multilateral que, pese a su legado histórico, hoy enfrenta dudas sobre su relevancia.
La “caída libre” del multilateralismo

El Grupo Internacional de Crisis lo definió sin rodeos: la ONU vive una especie de “caída libre”. Richard Gowan, su director para la ONU, advirtió que la Asamblea General difícilmente ofrecerá soluciones, pero sí reflejará con claridad la magnitud de la crisis.
La guerra de Rusia contra Ucrania, que ya supera los tres años, ha mostrado la impotencia del Consejo de Seguridad frente al veto de Moscú. En Gaza, casi dos años de enfrentamientos entre Israel y Hamás mantienen la región en llamas, mientras la población civil enfrenta hambre y desplazamiento masivo. En Sudán, un conflicto olvidado se prolonga sin salida a la vista.
A ello se suma el retroceso en la agenda climática, el estancamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los recortes que amenazan incluso a las operaciones humanitarias, tradicionalmente el punto fuerte del organismo.
Finanzas en rojo
La situación económica de la ONU es tan precaria como su panorama geopolítico. Estados Unidos, su principal contribuyente histórico, ha reducido de forma drástica los aportes desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Otros donantes, como la Unión Europea y Japón, no han compensado la brecha, y China incluso ha retrasado el pago de sus cuotas.
El secretario general António Guterres ha intentado adelantarse a la tormenta con el plan de reformas “ONU80”, que prevé recortes del 15% en el presupuesto global, del 11% en el de mantenimiento de la paz y reducciones de personal cercanas al 20%. Sin embargo, en una carta reciente reconoció que esas medidas no resolverán la crisis de liquidez inmediata.
El tablero político: de Trump a Palestina

La Asamblea General de este año tiene, como siempre, tintes de “Copa Mundial de la Diplomacia”. Más de 140 líderes globales han llegado a Nueva York, entre ellos Donald Trump, que volverá al podio de la ONU por primera vez desde su retorno a la presidencia.
Trump ha mantenido una relación ambivalente con el organismo: lo critica como “ineficaz”, pero no lo descarta como espacio para proyectar su política exterior. Diplomáticos esperan señales sobre si Washington mantendrá su distanciamiento o buscará algún terreno de cooperación, especialmente en materia de conflictos.
Uno de los temas más divisivos será Palestina. Francia, Reino Unido, Canadá y Australia reconocieron en los últimos días al Estado palestino, alineándose con la mayoría de miembros de la ONU. Israel y Estados Unidos rechazan la medida, alegando que fortalece a Hamás y debilita las negociaciones de paz.
Colombia en la tribuna: la voz de Gustavo Petro

América Latina no llega con protagonismo militar, pero sí con un mensaje político. El presidente colombiano Gustavo Petro aprovechará su intervención para insistir en un diagnóstico crudo: el sistema internacional es incapaz de frenar las guerras y tampoco ofrece respuestas a la crisis climática ni a las desigualdades sociales.
Según adelantaron fuentes diplomáticas, Petro reiterará que “el mercado mundial de la droga” mantiene secuestrados a países como Colombia y pedirá a la comunidad internacional pasar de la “hipocresía punitiva” a una estrategia de regulación global. También pondrá sobre la mesa la necesidad de que las potencias asuman compromisos reales frente al cambio climático, advirtiendo que “la selva amazónica no puede esperar más”.
Su discurso será seguido de cerca por la ONU en pleno, no solo porque refleja la frustración de muchos países del sur global, sino porque plantea un dilema incómodo: ¿puede la ONU responder a los desafíos de la paz, la equidad y el clima sin una reforma estructural de poder y de financiamiento?
El mandatario ya dio algunas declaraciones desde Nueva York sobre esta histórica decisión de Estados Unidos. En la tarde del lunes, el presidente intervino en el evento sobre el diálogo de alto nivel acerca de soluciones para la financiación climática, como renovar el dinamismo y el apoyo político antes de la COP30.
La descarbonización, cambio climático y descertificación: temas centrales en discurso de Petro, en la Asamblea de la ONU
Su discurso estuvo marcado por duras críticas a ciertos temas, como la descertificación, los combustibles fósiles e incluso sobre la ONU.
En ese sentido, el jefe de Estado volvió a cuestionar la ‘descertificación’ de Estados Unidos a su país y acusó a la ONU de ser “cómplice” de una política antidrogas que, según él, ha fracasado porque no se basa en la ciencia, sino en si las sustancias se producen en el sur o en el norte global.
“Soy un presidente descertificado por un gobierno extranjero (…) ¿Con qué derecho del derecho internacional puede un presidente de un gobierno extranjero descertificar a otro que fue elegido por su propio pueblo? ¿Eso es democracia o el comienzo de la barbarie?”, dijo durante un diálogo de alto nivel en Nueva York sobre soluciones para la financiación climática, en el marco del octogésimo período de sesiones de la Asamblea General de la ONU.
Opinión de la ONU sobre Colombia
En paralelo, varios informes de agencias de la ONU han mostrado preocupación por la realidad colombiana actual. Los avances en la implementación del Acuerdo de Paz de 2016 siguen siendo parciales, el asesinato de líderes sociales no cesa y el narcotráfico continúa alimentando economías criminales que trascienden fronteras.
Guterres ha señalado en repetidas ocasiones que Colombia es una “prueba de fuego” para la ONU: si fracasa el proceso de paz, no solo se perderá un modelo de negociación, sino que se reforzará la percepción de que la comunidad internacional es incapaz de sostener soluciones a largo plazo.
Entre el pasado y el futuro
La paradoja del 80 aniversario es evidente: una organización que nació para “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra” enfrenta hoy un mundo en el que los conflictos proliferan, los donantes se retraen y las potencias se polarizan.
El viernes, en el acto conmemorativo, Guterres pidió celebrar lo alcanzado, pero advirtió que la ONU solo sobrevivirá si se reinventa: “Celebremos no solo lo que se ha conseguido, sino lo que aún queda por hacer”.
Ese “lo que queda por hacer” define la incertidumbre del presente. La ONU se aferra a su legado, pero la pregunta central —¿es aún relevante?— flota en cada discurso y cada pasillo de su sede en Manhattan.