Unidad Investigativa
Introducción: la pregunta incómoda
Jeffrey Epstein murió en 2019 bajo custodia federal, acusado de liderar una red de tráfico sexual de menores que implicaba a millonarios, políticos y celebridades. Su muerte, oficializada como suicidio, nunca convenció a la opinión pública. Hoy, documentos recién revelados por el Congreso de EE. UU., testimonios de viejos socios y la propia Casa Blanca obligan a revivir una pregunta perturbadora: ¿fueron Donald Trump y Epstein simples amigos de fiestas en Palm Beach o socios en un entramado criminal de pederastia?
Los documentos filtrados: nombres, vuelos y reuniones
El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes publicó en septiembre de 2025 miles de páginas con agendas, manifiestos de vuelos y calendarios privados de Epstein entre 2014 y 2019. Allí aparecen reuniones planeadas con magnates de Silicon Valley como Elon Musk y Peter Thiel, banqueros de Wall Street y políticos de ambos partidos.
En esos documentos también aparecen referencias a Trump, aunque de forma tangencial: llamadas agendadas, notas de encuentros pasados y menciones a Palm Beach. Lo que preocupa a investigadores es que esas menciones coinciden con los años en que Epstein ya enfrentaba acusaciones públicas de abuso de menores.
“Los registros muestran que el círculo de Epstein seguía moviéndose en las más altas esferas a pesar de que era un depredador sexual convicto. Y Trump, como muchos otros, no desaparece del todo de esas listas”, explicó un congresista demócrata bajo anonimato.
Trump y Epstein: de “mejor amigo” a enemigo incómodo
En una entrevista de 2016 con el periodista Michael Wolff, Epstein aseguró que Trump había sido su “más cercano amigo durante diez años”. Una relación que incluía fiestas privadas en Palm Beach y Mar-a-Lago, encuentros con modelos y cenas exclusivas.
Trump, por su parte, ha intentado reescribir la historia. Desde 2019 asegura que “no era fan de Epstein” y que cortó relación “hace muchos años”. Sin embargo, en el pasado lo describió como un hombre “divertido” que “le gustaban tanto las mujeres jóvenes como a mí”. Una frase que, con el paso del tiempo, suena cada vez más perturbadora.
La Casa Blanca actual insiste en que el presidente “no tuvo ninguna relación inapropiada” y rechaza las insinuaciones. Karoline Leavitt, secretaria de prensa, fue clara: “El presidente no recomendará un fiscal especial para el caso Epstein porque no hay evidencia de que él haya estado implicado en esos crímenes”.
Los testimonios: Ghislaine Maxwell y las víctimas
Ghislaine Maxwell, condenada por colaborar con Epstein en la captación y abuso de menores, declaró en prisión que Trump “era socialmente cercano a Epstein” pero que nunca lo vio con una menor. Al mismo tiempo, afirmó no creer que Epstein se suicidara: “No me lo creo. No era ese tipo de persona”.
Víctimas de Epstein, en demandas civiles, han mencionado fiestas en Palm Beach y Nueva York donde Trump estuvo presente. Ninguna, hasta la fecha, ha presentado evidencia sólida de que él participara en actos de abuso. Pero la coincidencia de escenarios mantiene viva la sospecha.
El encubrimiento y la muerte de Epstein
El 10 de agosto de 2019, Epstein apareció muerto en su celda en Nueva York. Las cámaras de seguridad estaban inactivas, los guardias no hicieron las rondas y los informes forenses generaron dudas. Oficialmente, fue “suicidio por ahorcamiento”.
El periodista Michael Wolff reveló un último mensaje que recibió a través de los abogados de Epstein: “Still hanging around” (“todavía colgando”). Dada la muerte posterior, la frase suena casi como un epitafio macabro.
Los aliados de Epstein —incluida Maxwell— creen que fue silenciado para proteger a poderosos que podrían haber caído con él. Y Trump, al igual que Bill Clinton y otros, ha sido uno de los nombres más vinculados a esa teoría.
La defensa de Trump y el contraataque político

Trump, fiel a su estilo, ha respondido a las preguntas sobre Epstein con ataques. Calificó el tema como “otro hoax” y pidió al Departamento de Justicia “ir tras Obama y Clinton” en lugar de investigar su relación con Epstein.
Algunos republicanos señalan que el énfasis en Trump ignora que Epstein tenía conexiones profundas también con figuras demócratas. “Este no era un hombre de un solo partido, era un conector de élites”, subrayó un asesor de la Casa Blanca.
Socios en la pederastia: ¿mito, rumor o realidad?
Responder la pregunta de si Trump y Epstein fueron “socios en negocios de pederastia” exige diferenciar hechos probados de rumores:
- Hechos probados: amistad social, fiestas conjuntas, comentarios públicos de Trump sobre Epstein, registros de contactos en calendarios.
- Rumores y sospechas: denuncias civiles sin condena judicial, testimonios ambiguos de víctimas, teorías sobre la muerte de Epstein.
- Ausencia de pruebas directas: hasta hoy no existe evidencia judicial que confirme que Trump participó activamente en la red de tráfico sexual.
Análisis final: más sombras que certezas
La figura de Epstein simboliza la decadencia moral de una élite que se creyó intocable. Su muerte, plagada de irregularidades, dejó un vacío que solo se ha llenado con especulación. Trump aparece en el centro de esa red no por pruebas concluyentes, sino por su cercanía social y su estilo de minimizar, negar y atacar.
¿Fue socio? No hay pruebas definitivas. ¿Estuvo demasiado cerca de un depredador como Epstein durante demasiado tiempo? Sí. Y esa cercanía, en política, pesa tanto como la culpabilidad jurídica.
La pregunta incómoda seguirá abierta mientras sigan apareciendo documentos, testimonios y revelaciones. Lo que está claro es que, al igual que Epstein, Trump carga con demasiados fantasmas en su círculo de amistades como para que todo esto se despache como un simple “hoax”.