Por Redacción Especial Salud
En una sala del Hospital de Kennedy en Bogotá, Don Ernesto*, de 74 años, lleva más de cinco meses ocupando la misma cama. Su diagnóstico de insuficiencia cardíaca ya está controlado, pero sigue allí porque nadie lo recoge. “Nos dicen que la familia no volvió, que no contestan el teléfono. No podemos darle de alta si no hay un cuidador”, explica una trabajadora social que pide no revelar su nombre.
La historia de Ernesto no es aislada. Según la Secretaría Distrital de Salud, al cierre de 2024 había 119 pacientes en “estado de abandono” en los hospitales públicos de Bogotá. El fenómeno se repite en Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla. Adultos mayores, personas con discapacidad, migrantes y pacientes psiquiátricos figuran entre los más afectados.
El costo humano y financiero
Cada paciente “olvidado” cuesta en promedio 7 millones de pesos al mes, según cifras oficiales. En un sistema hospitalario con urgencias colapsadas y cierre de servicios, esa carga no es menor. “Un hospital no está diseñado para ser hogar, sino para atender crisis agudas. Retener a estas personas implica menos camas para emergencias y más desgaste en personal médico”, afirma Diana Beltrán, directora de la Asociación Colombiana de Hospitales Públicos.
Además de la presión financiera, el abandono prolongado trae consecuencias clínicas: mayor riesgo de infecciones intrahospitalarias, deterioro cognitivo por falta de estímulo, depresión y sensación de desarraigo. “Estos pacientes viven una segunda condena: primero la enfermedad, luego el olvido”, comenta el psiquiatra Juan Carlos Barrera, de la Universidad Nacional.
¿Por qué ocurre este fenómeno?
Las causas son múltiples y complejas:
Fragmentación familiar: en contextos de pobreza, migración o violencia, las redes de cuidado se rompen. “Muchos hijos emigran, otros no pueden asumir el costo de cuidar a un adulto mayor dependiente”, explica la socióloga María Clemencia Sarmiento, experta en envejecimiento.
Vacíos normativos: aunque la ley castiga el abandono de adultos mayores, en la práctica es difícil judicializar a los responsables. Además, la financiación de la estancia prolongada por causas sociales no está cubierta por la Unidad de Pago por Capitación (UPC), el corazón del sistema de salud. Eso obliga a hospitales a cubrir costos que no les corresponden.
Crisis hospitalaria: con más de 500 cierres de servicios en 2024, según reportes gremiales, la capacidad instalada se ha reducido. “Estamos resolviendo un problema social con infraestructura clínica. Eso es insostenible”, señala Beltrán.
Voces desde el gobierno
El Ministerio de Salud reconoce la gravedad del problema. En un pronunciamiento reciente, la viceministra de Protección Social, Claudia Consuelo Gómez, afirmó:
“Estamos trabajando con entidades territoriales para abrir centros sociosanitarios que permitan trasladar a estos pacientes y liberar camas hospitalarias. La atención médica debe ir acompañada de políticas de integración social”.
Bogotá, por ejemplo, ya anunció la construcción de un centro sociosanitario transitorio en 2025 para atender a los pacientes en estado de abandono. El modelo busca replicarse en otras ciudades con apoyo del ICBF, la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría.
Las voces que no se oyen: pacientes y médicos
Médicos y enfermeras, en condición de anonimato, relatan cómo improvisan celebraciones de cumpleaños o actividades para mantener la moral de pacientes olvidados. “Algunos llevan más de un año hospitalizados. Se vuelven parte del paisaje, pero nadie debería vivir en un hospital”, dice un internista del Hospital San Juan de Dios.
En contraste, algunos pacientes migrantes venezolanos expresan miedo a salir sin red de apoyo: “Si me dan de alta, ¿a dónde voy? En Venezuela no tengo familia viva y en Colombia nadie me recibe”, cuenta José Luis, paciente de 56 años en un hospital de Cali.
Consecuencias para la salud pública
El impacto va más allá de lo financiero. La Defensoría del Pueblo alertó en su último informe sobre la crisis humanitaria silenciosa que representan estos pacientes. “Cada cama ocupada por abandono significa una urgencia que no se puede atender a tiempo”, advierte el documento.
Además, este fenómeno visibiliza la falta de una política nacional de economía del cuidado. “Mientras no reconozcamos que cuidar es un trabajo que necesita soporte financiero, las familias seguirán colapsando y el hospital será el último refugio”, analiza Sarmiento.
¿Qué soluciones son viables?
- Corto plazo: crear equipos sociales hospitalarios con recursos propios para gestionar redes familiares y traslados rápidos.
- Mediano plazo: habilitar centros sociosanitarios en las principales ciudades y fortalecer la hospitalización domiciliaria.
- Largo plazo: consolidar un sistema nacional de cuidados, con financiación propia, que complemente al sistema de salud y reconozca el trabajo de cuidadores.
El psiquiatra Barrera lo resume así:
“Estamos ante un fenómeno que mezcla soledad, pobreza y fragilidad institucional. No basta con construir más hospitales: hay que construir redes humanas y políticas de cuidado”.
Una deuda pendiente
Los enfermos olvidados en hospitales colombianos representan la cara menos visible de la crisis sanitaria: la que une abandono social con insuficiencia financiera. Mientras se anuncian soluciones parciales, la pregunta persiste: ¿quién se hace cargo de los que no tienen a nadie? Hasta que el país responda, las camas hospitalarias seguirán siendo refugio involuntario de quienes quedaron atrapados entre la enfermedad y el olvido.