Por Redacción Sostenibilidad y Medio Ambiente
Bogotá — Octubre 2025
La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha suspendido más de 70 millones de dólares en cooperación ambiental destinados a Colombia, afectando directamente proyectos de conservación en la Amazonía, protección de comunidades indígenas y recuperación de ecosistemas estratégicos. La decisión, tomada en el marco de una orden ejecutiva del presidente Donald Trump para reevaluar la ayuda exterior, ha generado preocupación entre ambientalistas, diplomáticos y líderes comunitarios, quienes advierten que el congelamiento podría tener consecuencias irreversibles para la sostenibilidad regional y las relaciones bilaterales.
¿Qué se congeló?
Según fuentes oficiales, la suspensión afecta al menos diez programas activos en la Amazonía colombiana, entre ellos:
– Amazon Alive, enfocado en la prevención de delitos ambientales y gestión forestal en Caquetá, Guaviare, Meta y Putumayo.
– Juntanza Étnica, que promueve el empoderamiento de pueblos indígenas y afrocolombianos.
– Nuestra Tierra Próspera, centrado en restitución de tierras y titulación en zonas afectadas por el conflicto armado.
– EMPROPAZ, que impulsaba inclusión financiera rural en municipios amazónicos.
– Pasos Seguros, dedicado a la prevención de accidentes por minas antipersonal.
– Mujeres Poderosas, que trabajaba en la reducción de violencia de género y creación de oportunidades económicas para mujeres rurales.
La mayoría de estos programas tenían vigencia hasta mediados de 2026, pero han sido suspendidos abruptamente, dejando en incertidumbre a cientos de comunidades y organizaciones aliadas.
Impacto ambiental: “Un retroceso de diez años”
Para María Fernanda Cardona, bióloga experta en restauración ecológica, la suspensión representa “un retroceso de al menos una década en los esfuerzos por frenar la deforestación y proteger la biodiversidad amazónica”.
“Estos fondos no eran simples transferencias. Eran el motor de proyectos que articulaban ciencia, comunidad y gobernanza. Sin ellos, se paralizan procesos de monitoreo, restauración y educación ambiental que tardaron años en consolidarse”, afirma Cardona.
La Amazonía colombiana ha perdido más de 500.000 hectáreas de bosque en la última década, según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). La cooperación internacional ha sido clave para contener esa tendencia, especialmente en zonas de frontera agrícola y corredores de conectividad biológica.
Dimensión diplomática: ¿una imposición política?
Desde la Cancillería colombiana, la medida ha sido recibida con cautela. Aunque no se ha emitido un pronunciamiento oficial, fuentes diplomáticas señalan que la suspensión puede interpretarse como una señal de desconfianza o una forma de presión política, especialmente en temas sensibles como migración, seguridad fronteriza y relaciones con Venezuela.
“Condicionar la cooperación ambiental a alineamientos políticos es peligroso. La Amazonía no puede ser rehén de agendas bilaterales. Necesitamos acuerdos basados en ciencia, no en ideología”, sostiene Luis Eduardo Rojas, exnegociador climático y asesor en relaciones internacionales.
La decisión se enmarca en una revisión global de la ayuda exterior de EE. UU., que ha afectado también programas de salud, seguridad alimentaria y remoción de minas en otros países. Solo se han mantenido excepciones para asistencia militar a Israel y Egipto, y ayuda alimentaria de emergencia.
Análisis de fondo: ¿quién gana y quién pierde?
Ganancias políticas (EE. UU.):
– Refuerza la narrativa de “revisión estratégica” de fondos internacionales.
– Permite redireccionar recursos hacia prioridades internas o aliados estratégicos.
– Envía un mensaje de control sobre el uso de fondos en países con agendas divergentes.
Pérdidas ambientales (Colombia y región):
– Paralización de proyectos clave en zonas de alta vulnerabilidad ecológica.
– Desprotección de comunidades indígenas y rurales.
– Debilitamiento de la acción climática en uno de los pulmones del planeta.
– Riesgo de avance de economías ilegales (minería, narcotráfico, deforestación).
Pérdidas diplomáticas:
– Tensiones bilaterales por percepción de imposición externa.
– Desconfianza en la continuidad de acuerdos multilaterales.
– Afectación de la imagen internacional de EE. UU. como aliado ambiental.
Voces desde el territorio
En Caquetá, uno de los departamentos más afectados, líderes comunitarios expresan preocupación por el abandono de procesos que habían generado esperanza.
“Con Amazon Alive logramos frenar la tala ilegal en tres veredas. Ahora no sabemos si podremos seguir. Nos sentimos traicionados”, dice Yolanda Quintero, lideresa ambiental de San Vicente del Caguán.
En Putumayo, el programa Juntanza Étnica había permitido la formación de jóvenes indígenas en liderazgo y gestión territorial. “Era la primera vez que nos escuchaban. Ahora nos dejan solos”, afirma Jairo Yucuna, representante del pueblo Murui.
Datos clave
– 70 millones de dólares suspendidos en Colombia.
– Más de 60 contratos cancelados por USAID en el país.
– 10 programas afectados directamente en la Amazonía.
– Más de 200 comunidades impactadas.
– 83% de la cooperación ambiental congelada en América Latina.
¿Qué sigue?
Organizaciones como WWF, Amazon Conservation Team y Fundación Barco han solicitado revisión urgente de la medida, alertando sobre el riesgo de colapso de proyectos en curso. Algunas están buscando exenciones legales o financiamiento alternativo, mientras otras evalúan cerrar operaciones.
Desde el Congreso colombiano, se ha propuesto crear un fondo nacional de emergencia ambiental, pero su viabilidad depende de voluntad política y recursos internos.
En resumen: La suspensión de fondos ambientales por parte de USAID no es solo un conflicto diplomático: es una alerta global. En un momento donde el cambio climático exige cooperación y compromiso, congelar recursos para la Amazonía es como apagar una alarma en medio del incendio. Colombia debe defender su soberanía ambiental, pero también buscar alianzas que respeten la ciencia, la vida y la dignidad de sus pueblos.
Adenda editorial – Preguntas que incomodan
A pesar del congelamiento de fondos ambientales, Estados Unidos mantiene una narrativa de liderazgo global en sostenibilidad. ¿Aun así culpa a Gustavo Petro de entorpecer la paz en Colombia, mientras suspende recursos que fortalecen territorios vulnerables y comunidades indígenas? La paradoja es evidente: se exige estabilidad política mientras se debilita la cooperación ambiental que la sustenta.
¿Aun así habla de ayudar a la humanidad a ser mejor, mientras condiciona la protección de la Amazonía a alineamientos diplomáticos? La retórica de “salvar el planeta” se desvanece cuando los intereses geopolíticos se imponen sobre la ciencia y la vida.
¿Aun así los gobiernos derechistas de América Latina apoyan estas decisiones, incluso cuando afectan el futuro climático de sus propios pueblos? El silencio de algunos aliados revela una complicidad incómoda, donde la defensa del medio ambiente queda subordinada a pactos estratégicos.
Estas preguntas no buscan respuestas inmediatas, sino abrir el debate ético sobre el papel real de Estados Unidos en la agenda ambiental global. Porque si la Amazonía se convierte en moneda de cambio, ¿quién protege a la humanidad de sí misma?