Por qué el aeropuerto más importante de Colombia podría perder su brillo si no despega una segunda terminal.
Redacción Viajes y Turismo
Durante años, el Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá ha sido el orgullo de Colombia y el escaparate más visible de su conexión con el mundo. Sus vitrales, sus zonas VIP y su reputación como uno de los mejores aeropuertos de Sudamérica lo convirtieron en una especie de “sala de estar del país”, donde todo comienza y termina.
Pero en los últimos meses, ese brillo se ha visto empañado por una preocupación que ya no se comenta solo en voz baja: El Dorado está saturado.
Portales de aviación en Norteamérica y Europa advierten que el tráfico aéreo en Bogotá ha alcanzado niveles críticos, comparables con los de Ciudad de México o São Paulo, dos de las terminales más congestionadas de la región. Las aerolíneas internacionales alertan que, si el país no amplía su capacidad aérea pronto, podría perder competitividad como destino turístico y centro de conexión regional.
Un aeropuerto al borde del despegue… y del colapso
Según datos de la Aeronáutica Civil, más de 38 millones de pasajeros pasaron por El Dorado en 2024, una cifra récord que superó en un 15% el promedio prepandemia. De ellos, alrededor de 12 millones fueron viajeros internacionales, impulsados por el auge del turismo en Bogotá, Medellín y Cartagena, y por el crecimiento del número de nómadas digitales que ven en Colombia un país accesible, vibrante y cada vez más conectado.
Pero ese éxito trae un costo. En las horas pico, los vuelos se amontonan en tierra, las esperas para despegar o aterrizar superan los 40 minutos, y los retrasos ya se sienten como parte del paisaje habitual. “El Dorado está trabajando al 120% de su capacidad operativa”, advierte un informe reciente del portal estadounidense Airline Industry Review, especializado en movilidad aérea. “La infraestructura y la coordinación de tráfico aéreo ya no están sincronizadas con el volumen de vuelos internacionales que llegan a diario”.
Lo que dicen los expertos
Para María Fernanda Pérez, consultora en infraestructura aérea y exasesora de la IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo), el fenómeno es predecible:
“Colombia vive su momento dorado en el turismo internacional, pero su principal aeropuerto no está preparado para absorber ese crecimiento. Si no se toman decisiones rápidas, el país podría quedar rezagado frente a otros hubs de conexión como Lima o Panamá”.
La comparación no es gratuita. Panamá inauguró recientemente una ampliación de Tocumen que permite manejar hasta 50 millones de pasajeros anuales, mientras que Bogotá apenas puede sostener 40 millones con apuros logísticos.
A ello se suma un problema estructural: no existe un aeropuerto alternativo de gran escala en el centro del país. Medellín, Cali y Cartagena tienen terminales modernas, pero insuficientes para reemplazar o complementar el flujo internacional que concentra la capital.
El turismo, víctima colateral del éxito
El auge turístico de Colombia, que viene batiendo récords desde 2022, depende en gran medida de la eficiencia de El Dorado. Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, cada millón de turistas internacionales aporta cerca de USD 1.200 millones a la economía, generando empleo en hotelería, gastronomía, transporte y cultura.
Sin embargo, la congestión del aeropuerto comienza a afectar la experiencia del visitante. “Los viajeros perciben los retrasos, las largas filas y la saturación de servicios. Eso impacta la imagen del destino, incluso antes de salir del aeropuerto”, afirma Andrés Gutiérrez, consultor de la Organización Mundial del Turismo (OMT).
En foros de viajeros y plataformas como Skytrax y TripAdvisor, se repiten los comentarios sobre esperas prolongadas, saturación de salas y lentitud en migración. Aunque los usuarios valoran la modernidad del edificio, la percepción general es clara: el aeropuerto está quedando chico para el tamaño del país.
¿Una segunda terminal o un nuevo aeropuerto?
El debate técnico ya está sobre la mesa. Los gremios de aviación y las aerolíneas coinciden en que Bogotá necesita una segunda terminal aérea de gran capacidad, o incluso un nuevo aeropuerto complementario.
Proyectos como el Aeropuerto El Dorado II —propuesto hace casi una década en la sabana occidental— vuelven a mencionarse con urgencia. La idea: construir una terminal paralela con capacidad para 20 millones de pasajeros, conectada al actual aeropuerto por una vía rápida o tren aéreo.
No obstante, los avances han sido lentos. El Gobierno nacional ha reconocido que la expansión es una prioridad, pero aún no hay calendario oficial ni presupuesto definido. Los costos de inversión podrían superar los US$3.000 millones, y su ejecución tardaría entre siete y diez años.
“El tiempo corre en contra de Colombia”, advierte Rafael Camacho, analista en infraestructura de transporte.
“La industria aérea es extremadamente sensible a la eficiencia. Si las aerolíneas encuentran mejores conexiones en Lima, Panamá o Santiago, moverán allí sus rutas principales. Bogotá corre el riesgo de perder su papel como puerta de entrada al continente”.
Impacto económico: más que un problema de tráfico
La congestión aérea no es sólo un asunto logístico, sino un tema económico estratégico. Cada minuto de retraso en un vuelo internacional representa un costo promedio de USD 75.000 en combustible, tripulación y operación, según la IATA.
En un aeropuerto con más de 900 operaciones diarias, las pérdidas potenciales son millonarias.
Además, el riesgo reputacional para el turismo es real. Los países que no logran garantizar tiempos de conexión eficientes tienden a perder su atractivo para aerolíneas de largo recorrido. “Si El Dorado se estanca, los vuelos directos desde Europa o Asia podrían reducirse o desviarse hacia otros hubs más fluidos”, apunta Pérez.
A eso se suma un problema silencioso: la saturación ambiental. Con el tráfico actual, las emisiones de CO₂ en la zona de influencia del aeropuerto aumentaron un 12% en los últimos tres años, según cifras del IDEAM. Modernizar la infraestructura permitiría introducir tecnologías más limpias y sostenibles, alineadas con los compromisos de Colombia en transición energética y movilidad verde.
El desafío: sostener el vuelo del turismo colombiano
Colombia ha logrado posicionarse como uno de los destinos más atractivos de América Latina, gracias a su diversidad cultural, sus paisajes naturales y su creciente oferta hotelera. Pero mantener ese liderazgo requiere más que campañas de promoción: necesita aeropuertos capaces de sostener el ritmo de los viajeros.
El Dorado, símbolo del renacer turístico y comercial del país, enfrenta hoy su prueba más seria. Si el Estado, las aerolíneas y los inversionistas logran coordinar esfuerzos, Colombia podría consolidarse como el nuevo centro aéreo del continente. De lo contrario, corre el riesgo de quedar atrapada en su propio tráfico.
Un último llamado desde la torre de control
“Es hora de pensar en grande”, resume la experta María Fernanda Pérez. “No se trata solo de ampliar pistas, sino de garantizar que el crecimiento del turismo sea sostenible, eficiente y de clase mundial”.
Y quizá ese sea el mensaje que Colombia necesita escuchar. Porque mientras los viajeros siguen llegando atraídos por el encanto del país, el aeropuerto que los recibe parece estar pidiendo auxilio silenciosamente, entre filas interminables y pantallas de “vuelo demorado”.#ViajaConConciencia #ElDoradoSaturado #TurismoInteligente #GMTVInternacional #TravelSustainability #ColombiaDestinoGlobal #AirportWatch