Por Gato Loco
El mundo amaneció al borde de la locura un martes cualquiera, cuando el presidente Donald Trump —en su tercera reencarnación política y con su peinado ahora oficialmente clasificado como “arma biológica”— decidió que era hora de “restaurar la democracia” en América Latina.
El plan era simple: un par de drones, dos portaaviones, y un tuit mal redactado que decía “¡Freedom for the coffee people!”. Pero lo que no sabía el imperio era que esta vez no encontraría ni petróleo dócil ni presidentes serviles, sino a dos personajes inesperadamente calmados: Petro y Maduro, unidos por la extraña magia del antiimperialismo y el café con arepa.
Trump, visiblemente alterado —según fuentes de la Casa Blanca, “había confundido el teléfono con el control remoto del Air Force One”—, ordenó un operativo naval frente al Caribe con el entusiasmo de quien lanza cohetes en el 4 de julio y no lee el manual. “Vamos a enseñarles a respetar la libertad”, gritó, mientras los marines buscaban en Google Maps dónde quedaba La Guajira.
La paz de Petro y la locura de Trump
En Bogotá, Gustavo Petro interrumpió su meditación matutina sobre la descarbonización espiritual del planeta para atender el llamado de urgencia. “Tranquilos, hermanos”, dijo con la voz serena de quien acaba de leer tres páginas del Tao Te Ching. “No necesitamos armas. Basta con que la Armada Nacional proyecte sobre el mar una conferencia sobre cambio climático y justicia social. Eso los confundirá”.
Y lo logró. Los radares estadounidenses, incapaces de procesar tanto discurso ambiental en frecuencia modulada, colapsaron. Los pilotos reportaron mareo existencial. Un coronel gritó: “¡Nos están atacando con poesía!”.
Mientras tanto, en Caracas, Nicolás Maduro, protegido por el aura dorada de la Virgen del 23 de Enero y respaldado por un chat de WhatsApp con Putin y Xi Jinping, activó su “Plan Escudo Bolivariano 3000”.
El plan consistía en enviarle a cada buque estadounidense un mensaje subliminal: “Si nos atacan, suspendemos el envío de petróleo barato a sus empresarios corruptos”.
El Pentágono dudó. Wall Street tembló. Texas pidió calma.
El contraataque inesperado
Entonces, ocurrió lo impensable: un grupo de pescadores venezolanos —armados con radios viejos y una bocina de vallenato— interceptaron un dron norteamericano y lo devolvieron al mar con una pedrada.
“¡Aquí no hay invasión que valga!”, gritó uno mientras ondeaba una bandera con la cara de Chávez y el logo del Barça.
En cuestión de horas, los memes inundaron las redes: “Venezuela 1 – USA 0”, “Petro medita, Trump grita”, “El Caribe no se toca”.
Los países del ALBA convocaron una cumbre urgente… en un bar de La Habana.
La comunidad internacional se pronuncia (pero sin mojarse)
Desde Europa, los cancilleres emitieron su clásico comunicado:
“Observamos con profunda preocupación, pero sin compromiso alguno, los eventos recientes en el Caribe. Hacemos un llamado a la calma, siempre y cuando no afecte nuestros contratos de gas”.
Francia pidió diálogo. Alemania propuso sanciones simbólicas. España ofreció mediar, siempre y cuando los dos bandos aceptaran debatir en una tertulia de El País.
Y Naciones Unidas convocó una reunión de emergencia… que se suspendió por falta de quorum (los delegados estaban viendo el partido del Real Madrid).
Trump, el comandante delirante
En la sala de crisis, Trump no paraba de hablar con su reflejo en la pantalla.
—¡Nos atacaron, yo vi las arepas voladoras! —exclamó.
Su secretario de defensa intentó calmarlo:
—Señor, son imágenes de un TikTok.
—¡Fake news! ¡Esa arepa tenía ojivas!
En un arranque de lucidez intermitente, Trump anunció en Twitter (ahora llamado “Trump Social Global Premium”):
“Acabamos de descubrir que el socialismo se transmite por wifi. Ordeno cortar el internet en todo el hemisferio sur”.
Su equipo lo aplaudió, más por miedo que por convicción.
Petro y Maduro en modo zen
Mientras tanto, Petro apareció en televisión nacional. Sonreía.
—El conflicto es un espejo del alma —dijo—. Si los gringos nos atacan, lo harán porque aún no han descubierto su niño interior.
Los colombianos, confundidos, encendieron la parrilla. Si había guerra, al menos habría asado.
Maduro, por su parte, ofreció una rueda de prensa desde una base militar que en realidad era un set de televisión.
—Gracias a la cooperación con Rusia y China, hemos logrado activar el “Escudo Sagrado del Orinoco”, una nube digital que impide que los misiles capitalistas detecten nuestras buenas intenciones.
Detrás de él, un dron soviético de los años 70 se encendió con un mechero.
El desenlace cósmico
Y cuando el planeta esperaba el estallido, ocurrió el milagro latinoamericano: las naves estadounidenses comenzaron a girar en círculos, confundidas por las ondas de reguetón que Venezuela transmitía como “arma psico acústica”.
Los marines, aturdidos por letras de Bad Bunny y Karol G, pidieron rendirse.
El Pentágono declaró la operación como “éxito táctico en retroceso controlado”.
Trump apareció en cadena global afirmando que “todo fue un simulacro de amistad”.
Petro le respondió con una sonrisa budista:
—El mejor combate es el que no se libra.
Maduro, entre tanto, declaró victoria, día festivo y nueva medalla al “soldado anónimo del vallenato”.
El mundo aplaude, pero en silencio
En las Naciones Unidas, los diplomáticos brindaron discretamente.
Rusia y China se frotaron las manos.
Europa fingió no haber visto nada.
Y América Latina, por primera vez, se sintió protagonista de su propio absurdo.
En las playas del Caribe, un niño preguntó a su madre:
—Mamá, ¿qué fue esa guerra que no pasó?
Ella sonrió y respondió:
—Fue el día en que los gringos entendieron que aquí no se juega con fuego… sino con empanadas calientes.
Epílogo:
Dicen que, desde entonces, cada vez que un portaaviones estadounidense se acerca al Caribe, suena una alarma interna que dice:
“Precaución: zona de realismo mágico. Proceder con diplomacia y repelente de mosquitos.”
Y así, entre risas, discursos y vallenatos, el hemisferio sur volvió a demostrar que no hace falta pólvora para vencer al imperio. Basta con un poco de caos tropical, paciencia zen y una arepa bien lanzada.#RealismoMágicoGeopolítico, #HumorLatino