Por Redaccion Mundo – GMTV Productora Internacional
La cuarta cumbre entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea concluyó en Santa Marta con una declaración final que, más que un documento diplomático, pareció un ejercicio de equilibrio político en tiempos de turbulencia global. Cincuenta y ocho países firmaron una declaración de 52 puntos que intenta sostener la fe en el multilateralismo, mientras lanza críticas veladas a la política de Estados Unidos y defiende la necesidad de un nuevo orden internacional más equitativo.
Venezuela y Nicaragua, que se abstuvieron de firmar el texto final, recordaron con su ausencia que la unidad latinoamericana sigue siendo más un deseo que una realidad. Sin embargo, la firma del resto de los países fue presentada como un triunfo diplomático por el anfitrión, Gustavo Petro, presidente de Colombia y actual titular pro tempore de la CELAC.
“Hemos demostrado que es posible acordar incluso en medio de las diferencias. Este documento reafirma que el diálogo y la cooperación siguen siendo las herramientas más poderosas para enfrentar las crisis del siglo XXI”, declaró Petro en su intervención de cierre.
El regreso del Caribe a la geopolítica
La cumbre se desarrolló bajo la sombra de un contexto internacional convulso. La guerra en Ucrania, la devastación en Gaza y el retorno de políticas unilaterales desde Washington –ahora encabezadas por la administración republicana de Donald Trump– marcaron las discusiones.
Aunque el documento final evita mencionar directamente a Estados Unidos, varias referencias apuntan de forma clara a su influencia. Uno de los apartados más sensibles aborda la “seguridad marítima y la estabilidad regional en el Caribe”, en alusión a los ataques con misiles que la Casa Blanca ha ordenado en los últimos meses contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, destacó que el consenso alcanzado “demuestra la vigencia del diálogo multilateral en un momento en que resurgen las políticas de fuerza y la diplomacia coercitiva”. Para Costa, la reunión “marca una señal de que Europa y América Latina pueden hablar de igual a igual sin tutelajes externos”.
Desde el lado latinoamericano, el canciller uruguayo Mario Lubetkin, quien asumirá la presidencia rotativa de la CELAC, anunció la creación de una hoja de ruta “que permita traducir las declaraciones en resultados tangibles, con metas verificables en materia de cooperación, inversión y gobernanza democrática”.
Críticas veladas, mensajes directos
Las referencias indirectas a Washington no se limitaron al tema de seguridad. En el apartado comercial, el texto aboga por un “sistema multilateral basado en normas, sustentado en el derecho internacional y con la Organización Mundial del Comercio en su núcleo”. Una frase que busca contrarrestar el resurgimiento de políticas proteccionistas y arancelarias, particularmente las impulsadas por el expresidente Trump durante su primer mandato y que han vuelto a escena.
El bloque también envió un mensaje ambiental: “Reconocemos la necesidad de reducciones significativas, rápidas y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero”. En contraste con la negación del cambio climático por parte de Washington, el punto fue leído como una afirmación de la autonomía ambiental de América Latina frente a las potencias contaminantes.
Brasil respaldó la idea de “reformar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para hacerlo más representativo”, una vieja demanda de su diplomacia. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue particularmente duro en su intervención:
“América Latina y el Caribe atraviesan una crisis profunda de integración. Hemos vuelto a ser una región balcanizada, dividida y más dependiente del exterior que nunca. Nos reunimos una y otra vez, pero sin concretar los acuerdos. Es hora de pasar del discurso a la acción”, sentenció.
Las palabras de Lula sonaron como una reprimenda a los ausentes. De los grandes líderes latinoamericanos, solo él y Petro asistieron en persona. Argentina, Paraguay, Perú y El Salvador enviaron delegaciones de bajo nivel; México y Chile estuvieron representados por sus cancilleres. Del lado europeo, la ausencia más notoria fue la de Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.
Aun así, el presidente español Pedro Sánchez intentó mantener el tono optimista:
“Si hace dos años la cumbre UE-CELAC fue una prioridad política, hoy es un imperativo geoestratégico. La guerra en Gaza, la crisis del libre comercio y el debilitamiento de la gobernanza global nos obligan a actuar juntos. Europa y América Latina deben ser un faro de estabilidad y apertura en este tiempo incierto”, dijo.
Entre Gaza y Ucrania: la CELAC en la escena global
El documento final abordó de manera equilibrada las dos guerras que dividen al planeta. Sobre Gaza, los firmantes respaldaron la solución de los dos Estados, condenando “todas las violaciones del derecho internacional humanitario”. Respecto a Ucrania, expresaron una “profunda preocupación por el sufrimiento humano y la violación de la soberanía nacional”, sin alinearse de manera automática con las posturas europeas.
Esa posición intermedia fue interpretada por analistas como un ejemplo del nuevo tono que Petro busca imprimirle a la CELAC: una diplomacia latinoamericana con voz propia, que no dependa de los ejes tradicionales de poder.
Para María Eugenia Brizuela, ex canciller salvadoreña y actual consultora en políticas multilaterales, “la cumbre marca el inicio de un realineamiento silencioso, en el que América Latina intenta recuperar protagonismo sin caer en los juegos de bloques. Petro entiende que el multilateralismo no puede ser una consigna vacía, sino una estrategia de supervivencia para la región”.
Petro y el difícil arte de la diplomacia equilibrada
La presencia de Gustavo Petro como anfitrión imprimió un tono inusual al encuentro. En su discurso inaugural, el mandatario colombiano habló de un “nuevo contrato global entre el norte y el sur”, una consigna que ya había esbozado en foros climáticos y de seguridad. Su apuesta: que América Latina deje de ser observadora y asuma un papel de liderazgo moral en temas como el cambio climático, la migración y la transición energética.
“El Caribe y América Latina deben dejar de ser vistos como el patio trasero de las potencias. Somos una región de soluciones, no de problemas”, afirmó Petro ante los jefes de delegación.
Fuentes cercanas a la organización confirmaron que Colombia trabajó durante semanas en las negociaciones previas para evitar una fractura en torno a Venezuela y Nicaragua, países bajo sanciones internacionales. “Petro apostó a una diplomacia de consenso, sin exclusiones, y en buena medida lo logró”, explicó un diplomático europeo que participó en las deliberaciones.
Evaluación final: luces y sombras de un liderazgo regional
El cierre de la cumbre dejó una sensación ambivalente. Por un lado, el documento final representa una rara muestra de unidad entre dos bloques marcados por diferencias históricas. Por otro, evidenció la fragilidad de esa cohesión: las ausencias, los silencios sobre crisis políticas y las tensiones comerciales no resueltas son señales de que el multilateralismo aún enfrenta pruebas de fuego.
Para el politólogo chileno Ricardo Lagos Jr., “la CELAC está intentando reinventarse como un foro político relevante, y Petro ha sido clave en esa narrativa. Pero sin compromisos financieros concretos y una agenda de integración económica, corre el riesgo de repetir los errores de la vieja UNASUR”.
En los pasillos del centro de convenciones de Santa Marta, diplomáticos europeos reconocían en voz baja que la figura de Petro ha sorprendido por su capacidad de interlocución. “No siempre estamos de acuerdo con su tono, pero sí con su visión de independencia latinoamericana. Está llenando un vacío que otros dejaron”, comentó un alto funcionario del Servicio Europeo de Acción Exterior.
El balance final deja al presidente colombiano con un capital político internacional reforzado, aunque condicionado. Petro se posiciona como portavoz del sur global, pero también enfrenta el reto de traducir esa narrativa en resultados concretos dentro de su propio país y en la región.
Como escribió el analista español José Ignacio Torreblanca en El País, “Petro ha entendido que el liderazgo internacional no consiste en repetir consignas, sino en ofrecer una alternativa moral y política al cinismo global”. Santa Marta, entre el Caribe y el Magdalena, fue el escenario simbólico de ese intento. Una cumbre donde América Latina buscó redescubrir su voz y donde Gustavo Petro, desde la presidencia pro tempore de la CELAC, apostó por un multilateralismo que —si logra sostenerse— podría redefinir el papel de la región en la política internacional.