Redacción Economía y Finanzas – GMTV
La economía colombiana atraviesa un momento de contrastes. Mientras los principales indicadores muestran señales de crecimiento sostenido y una relativa estabilidad macroeconómica, persisten desafíos estructurales que limitan el ritmo de expansión y generan incertidumbre sobre el desempeño en el mediano plazo. Así lo señalan recientes informes de organismos nacionales e internacionales, que proyectan un crecimiento positivo para 2025 y 2026, aunque a un ritmo moderado.
De acuerdo con estas proyecciones, el Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia continuará creciendo, impulsado principalmente por la demanda interna, el consumo de los hogares y cierta recuperación de sectores clave como los servicios, el comercio y la industria manufacturera. Sin embargo, este crecimiento se da en un contexto marcado por inflación aún elevada, restricciones fiscales y un entorno internacional menos favorable.
La inflación, aunque ha mostrado señales de desaceleración frente a los picos registrados en años anteriores, sigue siendo uno de los principales retos de la política económica. El aumento en los precios de los alimentos, los servicios y la vivienda ha impactado el poder adquisitivo de los hogares, especialmente en los sectores de menores ingresos. Este fenómeno ha obligado al Banco de la República a mantener una postura monetaria cautelosa, con tasas de interés que, si bien han comenzado a ajustarse gradualmente, continúan afectando el acceso al crédito y la inversión privada.
Otro factor clave es la situación fiscal. El gobierno enfrenta el desafío de cumplir con la regla fiscal mientras financia programas sociales, proyectos de infraestructura y políticas orientadas a la transición energética. El déficit fiscal y el nivel de endeudamiento siguen siendo observados de cerca por los mercados y las calificadoras de riesgo, que han advertido sobre la necesidad de mantener disciplina en el gasto público y fortalecer los ingresos del Estado.
En este contexto, la inversión se presenta como uno de los puntos más sensibles. Si bien el país sigue siendo atractivo para ciertos sectores, como energías renovables, agroindustria y algunos servicios, la inversión privada ha mostrado señales de cautela. Empresarios e inversionistas han manifestado preocupación por la incertidumbre regulatoria, los cambios en el marco tributario y el clima político, factores que influyen en las decisiones de largo plazo.
A nivel externo, Colombia enfrenta un entorno global complejo. La desaceleración de algunas economías desarrolladas, la volatilidad de los precios de las materias primas y las tensiones geopolíticas influyen en las exportaciones y en los flujos de capital. No obstante, las remesas y ciertos productos de exportación han contribuido a sostener el ingreso de divisas, amortiguando parcialmente estos efectos.
Pese a este panorama, los analistas coinciden en que Colombia cuenta con fortalezas importantes: un sistema financiero relativamente sólido, una base productiva diversificada y una capacidad de adaptación que ha permitido sortear crisis anteriores. El reto, señalan, es avanzar en reformas estructurales que mejoren la productividad, fortalezcan la competitividad y reduzcan las brechas sociales y regionales.
De cara a 2025 y 2026, el consenso apunta a un crecimiento moderado, insuficiente para resolver de fondo los problemas estructurales, pero suficiente para evitar una desaceleración severa. El desempeño de la economía dependerá, en buena medida, de la capacidad del Estado para generar confianza, promover la inversión y mantener un equilibrio entre estabilidad macroeconómica y políticas de inclusión social.