Redacción Mundo Deportivo
La llegada del arquero español Iago Herrerín al Deportivo Pasto pasó casi desapercibida fuera de los círculos deportivos, pero el movimiento dice mucho sobre la transformación silenciosa del fútbol colombiano. Herrerín, de 36 años y con pasado en el Athletic Club de Bilbao, aterriza en una ciudad andina del sur del país para disputar una liga históricamente periférica en el mapa global del fútbol.
No se trata de una superestrella ni de un fichaje millonario. Precisamente por eso resulta significativo. En los últimos años, clubes colombianos de menor presupuesto han comenzado a atraer jugadores europeos en etapas avanzadas de su carrera, apostando por experiencia, liderazgo y visibilidad internacional antes que por grandes nombres.
Para el Deportivo Pasto, un equipo con recursos limitados y escasa presencia internacional, el fichaje representa una oportunidad estratégica. “No solo es lo que puede aportar en la cancha”, explica un analista deportivo local. “También es un mensaje: el club quiere profesionalizarse, abrirse al mundo y competir con inteligencia”.
El fútbol colombiano ha sido históricamente exportador de talento joven hacia Europa y otros mercados. Sin embargo, el flujo inverso —jugadores europeos hacia Colombia— ha sido raro y, cuando ocurre, suele concentrarse en clubes grandes. Casos como el de Herrerín muestran una diversificación de ese fenómeno.
Para el jugador, la decisión también responde a cambios en la industria del fútbol. Las ligas sudamericanas ofrecen continuidad profesional, protagonismo y experiencias culturales distintas a futbolistas que ya no encuentran espacio en ligas altamente competitivas. Además, el calendario, la exposición regional y el costo de vida pueden resultar atractivos.
El desafío será la adaptación. Jugar en Pasto implica competir a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar, en estadios con infraestructuras modestas y ante hinchadas intensas. Pero también ofrece la posibilidad de convertirse rápidamente en referente.
Más allá del resultado deportivo, el fichaje refleja una liga que busca reinventarse en silencio, lejos de los reflectores de Europa, pero atenta a las oportunidades que ofrece un fútbol global cada vez más interconectado.