DAVOS, Suiza — En los pasillos alfombrados del Foro Económico Mundial, donde durante décadas Estados Unidos marcó el pulso del orden liberal global, el ambiente este año ha sido distinto. No hubo anuncios grandilocuentes desde Washington ni declaraciones que fijaran agenda. En su lugar, se respiró una cautela evidente —y en algunos casos abierta desconfianza— hacia la diplomacia estadounidense bajo el liderazgo de Donald Trump, cuyo regreso a la Casa Blanca ha reconfigurado el equilibrio de poder entre aliados tradicionales.
Líderes europeos, ejecutivos multinacionales y altos funcionarios coincidieron en una lectura compartida: Estados Unidos ya no es un socio previsible. La política exterior de Trump, basada en la confrontación comercial, el repliegue multilateral y una lógica transaccional de alianzas, ha acelerado un proceso que llevaba años gestándose: el impulso de una Europa más autónoma en materia estratégica, económica y de seguridad.
“Lo que vemos no es una ruptura inmediata, sino una erosión constante de la confianza”, señaló un diplomático europeo presente en Davos. “Las alianzas no se rompen de un día para otro, pero sí pueden vaciarse de contenido”.
El foro dejó en evidencia ese desplazamiento. Mientras representantes europeos debatían sobre defensa común, transición energética y cadenas de suministro independientes, la ausencia de una narrativa clara por parte de Washington contrastó con la presencia cada vez más estructurada de China. Funcionarios y empresarios chinos aprovecharon el vacío para presentarse como defensores de la estabilidad, el comercio y el multilateralismo, un giro irónico para un país que durante años fue visto como un actor disruptivo del sistema liberal.
El presidente Donald Trump arremetió contra muchos blancos habituales —y algunos nuevos— en el largo discurso que pronunció el miércoles en el Foro Económico Mundial, en el que elogió y amenazó alternativamente a los aliados europeos y repitió sus exigencias de quedarse con Groenlandia.
Se comprometió a no utilizar la fuerza para apoderarse de ese territorio semiautónomo danés, lo que generó cierto alivio. Pero ese ligero consuelo se vio socavado por el tono a menudo burlón de una intervención que subrayó la preocupación de los dirigentes europeos por la salud de la OTAN y sus relaciones con Estados Unidos.
En unas declaraciones que se prolongaron durante más de una hora, Trump arremetió contra la OTAN ante los demás miembros de la alianza militar y lanzó críticas contra líderes de varios países, los inmigrantes somalíes en Estados Unidos, la energía eólica y otros temas
Europa mira hacia dentro — y hacia otros socios
El mensaje desde Bruselas, Berlín y París fue consistente: Europa debe prepararse para un mundo en el que Estados Unidos ya no garantice liderazgo ni respaldo automático. Esa lógica atraviesa debates sobre defensa, tecnología y comercio. “No se trata de abandonar la relación transatlántica”, explicó una analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, “sino de reducir la dependencia estratégica de un socio volátil”.
Ese giro tiene implicaciones más allá del Atlántico Norte. Países de América Latina, África y Asia observan con atención cómo se reordenan las prioridades globales. En ese contexto, Davos funcionó menos como una celebración del consenso liberal y más como un termómetro de fragmentación.
Colombia y Suramérica: presencia discreta en un tablero cambiante
Para Colombia y otros países de Suramérica, el nuevo clima internacional plantea tanto riesgos como oportunidades. Las delegaciones latinoamericanas en Davos —más modestas que las europeas o asiáticas— centraron su mensaje en la estabilidad macroeconómica, la transición energética y la necesidad de atraer inversión en un entorno global más incierto.
Colombia, en particular, buscó posicionarse como un socio confiable en medio de la volatilidad. Funcionarios y representantes del sector privado destacaron el papel del país en energías renovables, biodiversidad y turismo sostenible, consciente de que Europa podría diversificar sus alianzas ante la imprevisibilidad de Washington. “Si Estados Unidos se repliega, otros actores tendrán que ocupar ese espacio”, señaló un economista colombiano presente en el foro. “La pregunta es quién ofrece previsibilidad”.
Sin embargo, el margen de maniobra es limitado. Estados Unidos sigue siendo un socio comercial clave para Colombia y la región, y cualquier enfriamiento en las relaciones transatlánticas puede generar efectos indirectos. Un menor compromiso estadounidense con Europa podría traducirse en una agenda exterior más errática, con consecuencias para acuerdos comerciales, cooperación en seguridad y financiamiento internacional.
Al mismo tiempo, el creciente protagonismo de China obliga a los países suramericanos a navegar con cautela. En Davos, varios líderes regionales evitaron definiciones tajantes, conscientes de que el mundo se mueve hacia una lógica de bloques flexibles más que de alineamientos rígidos.
Un foro que refleja un mundo menos ordenado
Davos no toma decisiones, pero amplifica tendencias. Este año, la más clara fue el deterioro de la posición internacional de Estados Unidos como eje indiscutible del sistema. Trump no ha creado ese desgaste, pero lo ha acelerado y visibilizado. Europa, mientras tanto, ensaya una autonomía aún incompleta. China avanza con pragmatismo. Y países como Colombia observan, calculan y buscan espacios en un escenario cada vez más fragmentado. El foro cerró sin consensos claros, pero con una certeza compartida: el mundo que emerge es más incierto, más competitivo y menos centrado en Washington. Para muchos en Davos, esa no fue solo una conclusión analítica, sino una advertencia