Redacción Mundo
El gobierno del Reino Unido anunció esta semana que no se incorporará a la llamada “Junta de Paz” para Gaza, una iniciativa impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con el objetivo declarado de promover una salida política al conflicto entre Israel y Hamás. La decisión británica, compartida también por Francia e Italia, pone de relieve las crecientes diferencias entre Washington y varios de sus aliados tradicionales en torno a la gestión del conflicto en Medio Oriente.
La propuesta estadounidense, presentada sin un proceso amplio de consultas previas, busca crear un órgano internacional reducido que supervise un eventual proceso de reconstrucción y gobernanza en la Franja de Gaza tras la guerra. Sin embargo, críticos en Europa han cuestionado tanto su diseño como su legitimidad, al considerar que margina a actores clave, debilita el papel de organismos multilaterales existentes y carece de garantías claras sobre el respeto al derecho internacional.
En un comunicado, el Ministerio de Exteriores británico señaló que cualquier iniciativa para Gaza debe estar “anclada en un marco multilateral amplio, con participación regional y respaldo de las Naciones Unidas”. Sin mencionar directamente a Trump, Londres dejó claro que no apoyará propuestas que, a su juicio, puedan agravar las tensiones o imponer soluciones sin consenso.
Una propuesta que divide a Occidente
La negativa del Reino Unido se suma a un creciente escepticismo europeo frente a la política exterior de Trump, caracterizada por un enfoque unilateral y transaccional. Para varios gobiernos del continente, la iniciativa sobre Gaza refleja una tendencia recurrente: decisiones rápidas, escasa coordinación con aliados y una visión de corto plazo centrada en intereses políticos internos de Estados Unidos.
“Europa no cuestiona la necesidad de una salida para Gaza, sino la forma”, explica un analista en relaciones internacionales con sede en Londres. “El temor es que se cree una estructura paralela que debilite a la ONU y complique aún más un conflicto ya extremadamente sensible”.
Washington, por su parte, ha defendido la propuesta como una alternativa “pragmática” ante la parálisis diplomática. Funcionarios estadounidenses sostienen que los mecanismos tradicionales han fracasado y que se requiere un nuevo enfoque para garantizar seguridad, reconstrucción y estabilidad. No obstante, la falta de apoyo de aliados clave reduce significativamente el alcance y la credibilidad del plan.
El papel del Reino Unido y Europa
La posición británica refleja un delicado equilibrio. Por un lado, Londres busca mantener su histórica relación especial con Estados Unidos; por otro, intenta reafirmar su compromiso con el multilateralismo y el orden internacional basado en reglas, especialmente tras el Brexit. En este contexto, alinearse sin matices con una iniciativa polémica podría tener costos diplomáticos en Europa y en el mundo árabe.
Francia e Italia han expresado preocupaciones similares, subrayando que cualquier solución para Gaza debe incluir a actores regionales, como Egipto y Jordania, y contar con un mandato claro de la ONU. Este frente europeo, aunque no homogéneo, evidencia una voluntad creciente de marcar distancia respecto a Washington en temas clave de política exterior.
Impacto más allá de Medio Oriente
Las implicaciones de este desacuerdo van más allá del conflicto en Gaza. La falta de consenso entre potencias occidentales debilita su capacidad de influir de manera coordinada en escenarios internacionales complejos. También refuerza la percepción de un mundo cada vez más fragmentado, donde las alianzas tradicionales ya no garantizan posiciones comunes.
Para países de América Latina, como Colombia, estas tensiones no son irrelevantes. La cooperación internacional en ámbitos como la seguridad, la ayuda humanitaria y la diplomacia multilateral suele depender de consensos entre Estados Unidos y Europa. Cuando esos consensos se resquebrajan, los espacios de coordinación se reducen y las prioridades pueden cambiar.
“América Latina observa con atención estas divisiones”, señala un diplomático latinoamericano consultado por la BBC. “Cuando los grandes actores no logran ponerse de acuerdo, los países medianos y pequeños enfrentan mayor incertidumbre sobre el rumbo de la cooperación internacional”.
Un escenario diplomático más complejo
La negativa del Reino Unido a sumarse a la iniciativa de Trump para Gaza no implica un abandono del compromiso con la paz en Medio Oriente, sino una diferencia profunda sobre los medios para alcanzarla. Sin embargo, el episodio confirma una tendencia más amplia: la creciente dificultad de Estados Unidos para articular liderazgos compartidos en el escenario global.
Mientras tanto, el conflicto en Gaza continúa sin una salida clara y la comunidad internacional enfrenta el desafío de evitar que las divisiones diplomáticas se traduzcan en parálisis política. Para aliados como el Reino Unido, la apuesta pasa por reforzar los mecanismos multilaterales existentes, aun cuando eso implique disentir abiertamente de Washington.
En un contexto internacional marcado por guerras, rivalidades geopolíticas y crisis humanitarias, el desacuerdo sobre Gaza es una señal más de que el consenso occidental, durante años un pilar del orden global atraviesa una etapa de profunda transformación.