febrero 4, 2026

Un giro inesperado en Washington: Petro en la Casa Blanca y la ruptura del protocolo

Por Gustavo Melo Barrera – GMTV Productora Internacional

La escena, hasta hace apenas semanas, parecía impensable: el presidente de Colombia, el líder de izquierdas Gustavo Petro, sentado por dos horas con Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en un encuentro que los protagonistas calificaron, con matices distintos, de “constructivo” y “positivo”.

Para entender la magnitud del momento hay que retroceder en la historia inmediata de las relaciones entre ambos gobiernos. En 2025, la administración Trump revocó la visa de Petro y lo incluyó en la llamada ‘Lista Clinton’, un instrumento de sanciones financieras, tras una escalada de tensiones provocada por declaraciones duras del presidente colombiano y su defensa de políticas contrarias al enfoque estadounidense.

En esa dinámica, el encuentro de hoy rompe con casi todos los protocolos diplomáticos habituales: no hubo recibimiento en el pórtico de la Casa Blanca, ni ceremonia oficial, ni acceso de prensa, una señal interpretada por analistas como un gesto cauteloso de Washington frente a un mandatario que, hasta hace poco, había sido objeto de críticas públicas por parte del ala más dura del gobierno norteamericano.

Cómo cubrieron los grandes medios este momento

Los principales diarios globales y agencias internacionales han coincidido en describir la reunión como un momento de inflexión en una relación bilateral marcada por el conflicto y la confrontación.

Reuters destacó que la reunión fue considerada un posible “punto de inflexión” en un vínculo tenso y deteriorado, señalando que ambos mandatarios han tenido duras acusaciones cruzadas sobre narcotráfico, políticas regionales y soberanía, pero que ahora parecían dispuestos a conversar.

El País (España) calificó el encuentro como un “cambio significativo” en las relaciones, resaltando que Petro calificó la reunión con un “nueve” y que se habló de temas de seguridad, narcotráfico y energía.

The Guardian subrayó la imprevisibilidad de ambos líderes y el potencial impacto de esta cita para el futuro de la política regional, en un momento en que Trump intenta reconfigurar las prioridades de su política exterior.

Los medios, en general, han puesto de relieve el contraste entre el tono anterior de confrontación —con Trump acusando a Petro de estar vinculado al narcotráfico y Petro denunciando la política exterior estadounidense como intervencionista— y la aparente pragmática del encuentro actual, aunque con reservas sobre el alcance real de cualquier acuerdo duradero.

La ironía histórica: de enemigos a interlocutores

Es imposible evitar la ironía de este momento: el presidente de izquierda más odiado por la administración Trump se sienta con ese mismo mandatario en la Casa Blanca, no como adversario en la arena política, sino como interlocutor en temas que Washington considera claves —combatir el narcotráfico, estabilizar la región y gestionar relaciones energéticas y migratorias.

La misma prensa estadounidense que en septiembre de 2025 publicó editoriales críticos sobre la retirada de visa —con The Washington Post advirtiendo que socavaba protocolos diplomáticos fundamentales— ahora cubre la misma figura en una reunión bilateral, un ejemplo de cómo los intereses geopolíticos pueden eclipsar las hostilidades retóricas.

Este giro no solo habla de pragmatismo: refleja la complejidad de las relaciones internacionales en un mundo fragmentado, donde los discursos ideológicos a menudo ceden lugar a necesidades de cooperación en áreas críticas como la seguridad fronteriza y el crimen transnacional.

Reacciones políticas en Colombia

En Bogotá la visita ha encendido tanto apoyos como críticas. La oposición colombiana ha sido rápida en calificar el encuentro con ambivalencia. Sectores tradicionales y de derecha han dicho que Petro llega con la bandera colombiana, pero sin agenda clara, y que la falta de ceremonia oficial refleja un debilitamiento de la posición de Colombia en Washington. Otros han señalado que la reunión se produce en medio de fuertes cuestionamientos internos por el manejo de la política de drogas y la seguridad.

Mientras tanto, desde dentro del oficialismo y entre sus simpatizantes se ha celebrado la posibilidad de abrir una nueva etapa de diálogo pragmático, con la esperanza de que permita alivianar  temas complejos como la cooperación en extradiciones y en la lucha contra las rutas del narcotráfico.

Repercusiones globales: líderes mundiales

Los ecos del encuentro también se escuchan fuera de Bogotá y Washington. Algunos gobiernos de la región han observado con interés una posible recalibración de la relación bilateral, especialmente en asuntos como la crisis en Venezuela, la seguridad fronteriza y el comercio. A pesar de ello, no todos ven el encuentro como una reconciliación total: hay cautela frente a la amplitud de las diferencias que siguen existiendo en temas de política exterior y derechos humanos.

Petro frente a las elecciones del 8 de marzo

Finalmente, la visita ocurre a apenas días de la elección clave en Colombia (8 de marzo), donde figuras afines al presidente —y su legado político— se juegan mucho. Si bien Petro no es candidato, su figura sigue siendo central en la narrativa política y sus alianzas pueden influir en los resultados. En ese sentido, el tono y los resultados prácticos de su viaje a Washington podrían repercutir en la percepción de su liderazgo y en la votación de sectores centralistas e independientes, quienes observan con escepticismo tanto la política interna como la externa de su gobierno.

Conclusión: una visita cargada de significados

La histórica reunión en la Casa Blanca entre Gustavo Petro y Donald Trump no es solo una foto diplomática más. Es un símbolo de pragmatismo político, un reconocimiento de intereses compartidos pese a diferencias profundas y, sobre todo, una lección de cómo los tiempos geopolíticos pueden obligar a antiguos antagonistas a sentarse a la misma mesa.

Para Colombia, el impacto de este encuentro aún está por verse. Pero ya ha transformado la narrativa internacional sobre Petro, al menos temporalmente, obligando a reconsiderar viejos estigmas y abriendo la puerta a un diálogo que —si se concreta en acciones concretas— podría redefinir las relaciones entre Washington y Latinoamérica en los próximos años.