Redacción Política – GMTV Productora Internacional
Este viernes, a partir de las 2:00 de la tarde, las miradas del país se concentrarán en la Plaza de Bolívar de Bogotá y en las principales ciudades de Colombia, donde comenzará la gran firmatón nacional de apoyo a la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el presidente Gustavo Petro.
La jornada marca un punto de inflexión en la historia reciente: es el inicio de un proceso político que busca romper con el control de las élites judiciales, legislativas y económicas que han mantenido el rumbo del país bajo los mismos patrones de desigualdad y corrupción.
Y este domingo, apenas dos días después, los partidos y movimientos afines al gobierno celebrarán una consulta interna para definir sus listas al Congreso y precandidatos presidenciales de cara a 2026, en medio de un escenario institucional plagado de trabas, dilaciones y maniobras impulsadas por los entes de control.
Colombia llega a este momento con una pregunta que resuena en las calles: ¿será capaz el pueblo de sostener el cambio frente al asedio del poder tradicional?
El fin del miedo y la hora de la definición
La convocatoria a una Constituyente no es un capricho presidencial: es una respuesta política a un sistema que ha dejado de escuchar. Petro enfrenta una coalición institucional que bloquea cada intento de reforma —desde la justicia hasta la salud—, y que usa las cortes y los organismos de control como escudos corporativos para impedir el avance del cambio.
Hoy, el presidente lanza una apuesta mayor: devolver la soberanía al pueblo, permitir que la nación se piense desde abajo. Pero ese gesto es percibido por las élites como una herejía. Los guardianes del statu quo —los mismos que han manipulado el texto de 1991 para blindar privilegios— han salido a gritar “dictadura” y “ruptura institucional”, sin reconocer que lo que defienden no es la Constitución, sino los beneficios que les otorgó su captura.
La Constituyente: el espejo de una Colombia real
La Asamblea Nacional Constituyente se ha convertido en el símbolo de una lucha de fondo: la del país excluido contra el país de los privilegios. Cada firma que se recoja hoy en la tarde no solo apoya una reforma, sino que reafirma la idea de que el poder puede y debe cambiar de manos.
Las cortes temen perder su monopolio de interpretación constitucional, los congresistas sus feudos, y los empresarios sus exenciones. En pocas palabras, el sistema teme al pueblo.
Por eso las resistencias son tan intensas: porque esta vez la Constituyente no nacería de pactos entre élites, sino de la calle, del campo, de los sindicatos, de los pueblos que nunca fueron invitados a escribir su propio destino.
Mafias togadas: la justicia bajo sospecha
La corrupción en la justicia es hoy el talón de Aquiles de la institucionalidad colombiana. Los casos de magistrados negociando decisiones, fiscales protegiendo a políticos aliados y expedientes que desaparecen o se dilatan son parte de un entramado que Petro ha llamado “las mafias togadas”.
Mientras los grandes escándalos se archivan, la justicia se usa como herramienta de persecución contra las voces disidentes. El mensaje es claro: quien desafíe al poder, será silenciado.
Por eso, la firma de una Constituyente representa algo más que una reforma jurídica: es un acto de desobediencia cívica frente a la impunidad institucional.
Congreso y CNE: los guardianes del viejo orden
El Congreso y el Consejo Nacional Electoral (CNE) se han convertido en los principales obstáculos para el movimiento del cambio. Ambos organismos, dominados por los mismos clanes políticos que Petro denuncia, han intentado frenar la consulta del domingo con trabas legales, dilaciones burocráticas y decisiones contradictorias.
El objetivo es claro: impedir que el progresismo llegue a 2026 con organización y legitimidad.
Pero la movilización social está superando los cálculos del poder. Lo que comenzó como una estrategia del Ejecutivo se ha convertido en un movimiento ciudadano transversal que ya no depende de un solo líder, sino de una convicción colectiva: la transformación no se negocia.
La Constitución del 91: una promesa que caducó
La Constitución de 1991 fue, sin duda, un avance histórico. Pero su espíritu fue secuestrado por las mismas élites que hoy la invocan como escudo. El modelo neoliberal impuesto en los noventa convirtió la igualdad en retórica, la participación en trámite y la descentralización en botín político.
Hoy, miles de colombianos ven en la Constituyente una oportunidad de reescribir el pacto social desde la dignidad: una nueva carta que reconozca la justicia ambiental, la soberanía nacional y la redistribución del poder.
2026: refundación o revancha
La historia no suele dar segundas oportunidades, y Colombia está frente a una.
Si la movilización de hoy se consolida y la consulta del domingo logra articular una fuerza política coherente, el 2026 podría marcar el inicio de una nueva república.
Si, en cambio, las mafias judiciales y políticas logran bloquear el proceso, el país quedará atrapado en una espiral de descrédito institucional y represión democrática.
El riesgo no está en el cambio, sino en seguir aplazándolo.
Epílogo: el país que despierta
A partir de las 2:00 p.m., cuando las primeras firmas comiencen a llenar las hojas en la Plaza de Bolívar, Colombia volverá a mirarse en el espejo.
Será una jornada de definición: entre quienes creen que la política debe seguir siendo administrada por notarios del poder y quienes apuestan por escribir su propio destino.
La democracia no se defiende con discursos desde los estrados; se defiende en las plazas, con la voz del pueblo.
Y hoy, así como el próximo domingo, esa voz volverá a hacerse escuchar. Porque, pese a todos los intentos de silenciarlo, el cambio sigue más vivo que nunca.
Miedo 😱 al cambio absurdo de democracia por terror ( tirania)
Miedo al déficit presupuestal
Miedo a la violencia en las calles
Miedo a la carencia de medicamentos
Miedo a la guerrilla
Miedo al alza de los impuestos
Miedo a la ignorancia de una parte de pueblo que cree en un guerrillo, drogadicto, alcohólico, mentiroso, irracional, psicópata, ególatra y que cada vez que abre la boca la embarra!