Redacción Turismo y Economía Global
Colombia ha llegado a la Feria Internacional de Turismo (FITUR) 2026, en Madrid, con un mensaje claro: el turismo se ha convertido en uno de los pilares de su proyección internacional y en una herramienta clave de desarrollo económico y cohesión social. La delegación colombiana, encabezada por autoridades del sector y representantes de regiones y comunidades locales, ha aprovechado uno de los principales escaparates turísticos del mundo para consolidar su posicionamiento en el mercado europeo, especialmente en España, su principal puerta de entrada al continente.
El balance que presenta el país es ambicioso. Desde 2022, Colombia ha recibido más de 21 millones de visitantes internacionales, una cifra que refleja una recuperación acelerada tras la pandemia y un crecimiento sostenido del sector. Europa ocupa un lugar estratégico en esa expansión: el turismo europeo hacia Colombia ha aumentado de forma constante, impulsado por la ampliación de rutas aéreas, una mayor diversificación de la oferta y una narrativa que busca alejarse de los estereotipos asociados durante décadas al conflicto armado y la inseguridad.
En FITUR, Colombia ha puesto el acento en su biodiversidad —es uno de los países más megadiversos del planeta— y en un modelo de turismo que el Gobierno define como sostenible e inclusivo. La propuesta va más allá del sol y playa: ecoturismo en la Amazonía y el Pacífico, rutas culturales en el Caribe y el interior andino, turismo comunitario en territorios rurales y experiencias ligadas a la música, la gastronomía y la memoria histórica.
“Europa es un mercado exigente, sensible a la sostenibilidad y al impacto social del turismo”, explica un consultor del sector presente en la feria. “Colombia ha entendido que su ventaja competitiva no está solo en el paisaje, sino en la posibilidad de ofrecer experiencias auténticas con participación directa de las comunidades”.
Esa participación es uno de los ejes del discurso oficial. Las autoridades colombianas han insistido en que el crecimiento turístico debe traducirse en ingresos para poblaciones tradicionalmente excluidas, muchas de ellas ubicadas en zonas afectadas por el conflicto armado. El turismo comunitario, promovido como alternativa económica a actividades ilegales, se presenta, así como un instrumento de paz territorial y desarrollo local.
España ocupa un lugar central en esta estrategia. Además de los vínculos históricos y culturales, es el principal emisor de turistas europeos hacia Colombia y un socio clave en inversión hotelera y formación profesional. Según datos del sector, el número de visitantes españoles ha crecido de forma sostenida desde 2022, mientras que aerolíneas europeas han reforzado conexiones directas con Bogotá, Medellín y Cartagena.
No obstante, el crecimiento plantea también desafíos. Expertos advierten del riesgo de repetir errores observados en otros destinos emergentes: saturación de ecosistemas frágiles, presión sobre infraestructuras locales y desplazamiento de comunidades si no existen regulaciones claras. “El reto para Colombia es crecer sin comprometer los activos naturales y culturales que precisamente atraen a los visitantes”, señala una académica especializada en turismo sostenible.
Desde el punto de vista macroeconómico, el turismo se ha convertido en una fuente relevante de divisas en un contexto de volatilidad de los precios de las materias primas. Para el Gobierno colombiano, diversificar la economía a través del turismo reduce la dependencia del petróleo y el carbón, al tiempo que mejora la imagen internacional del país. En Europa, esta narrativa encuentra eco en un público cada vez más interesado en destinos responsables y experiencias con impacto social positivo.
FITUR también ha servido como espacio para encuentros empresariales y acuerdos de cooperación. Operadores europeos han mostrado interés en ampliar su presencia en Colombia, especialmente en segmentos de alto valor añadido como el ecoturismo de bajo impacto y el turismo cultural. La clave, coinciden analistas, será garantizar seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y una coordinación eficaz entre el sector público y privado.
Colombia aspira en el corto plazo a consolidarse como uno de los principales destinos latinoamericanos para el turismo europeo, compitiendo con países tradicionalmente más posicionados. El éxito de esa ambición dependerá de su capacidad para mantener el equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad. Por ahora, su presencia en FITUR 2026 confirma una estrategia clara: mostrar a Europa un país diverso, abierto y en transformación, que busca en el turismo no solo visitantes, sino aliados para su desarrollo.