Por Gustavo Melo Barrera – Red de Periodistas por el Desarrollo Sostenible
Cuando los colombianos acudan a las urnas el próximo 8 de marzo para renovar su Congreso, no solo estarán definiendo la composición política del país, sino también el rumbo del desarrollo sostenible en una nación marcada por desigualdades profundas, un entorno ambiental frágil y compromisos internacionales que reclaman coherencia a largo plazo.
Las elecciones legislativas —a primera vista un proceso institucional más— actúan como un “termómetro” que mide la voluntad política de avanzar hacia metas de desarrollo que trascienden el corto plazo. Desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas hasta compromisos en cambio climático, igualdad de género, reducción de pobreza y educación de calidad, el resultado de este proceso influirá en las prioridades presupuestales, la capacidad de legislar y la confianza pública e internacional en las instituciones colombianas.
Una intersección crítica: política y sostenibilidad
“El desarrollo sostenible no es un módulo separado de la agenda política; es una lente a través de la cual se evalúa cada decisión legislativa”, explica una experta colombiana en políticas públicas enfocadas en sostenibilidad, desde el análisis técnico. “La forma en que se estructuren comisiones parlamentarias, la asignación de recursos para educación, salud y energía renovable, y la capacidad de crear consensos entre distintos bloques políticos dependerá en gran medida del 8 de marzo”, agrega.
Colombia llegó a estas elecciones con desafíos estructurales: brechas de desigualdad que sitúan a una parte relevante de la población en condiciones de vulnerabilidad, un sector rural que continúa marginado, y presiones ambientales agudas en regiones como la Amazonía y la Orinoquía. Todo esto se enfrenta a la urgencia de cumplir con los ODS antes de 2030, un horizonte que en muchos casos ya se considera lejano incluso para naciones con mayor estabilidad política.
La comunidad internacional observa con atención. En informes recientes, organismos multilaterales han subrayado que los avances en sostenibilidad requieren “estabilidad política y marcos normativos sólidos”, y han expresado que el fortalecimiento de legislaturas sensibilizadas con estos temas es esencial para atraer inversiones verdes y cooperación técnica.
Escenarios que impactan el desarrollo sostenible
Si el Congreso resultante después del 8 de marzo favorece acuerdos amplios alrededor de políticas de sostenibilidad, hay margen para impulsar leyes que incentiven energía limpia, transformen la educación técnica hacia competencias verdes y fortalezcan la inclusión social. Este escenario podría consolidar a Colombia como un actor latinoamericano relevante en transición energética y justicia social.
Por el contrario, una legislatura fragmentada o dominada por prioridades cortoplacistas —por ejemplo, un énfasis desmedido en subsidios sin mecanismos de sostenibilidad financiera— puede limitar la eficacia de programas destinados a cumplir los ODS. No solo se retrasarían metas vitales, sino que se pondría en riesgo la credibilidad del país ante aliados internacionales, financiadores y organismos multilaterales.
La mirada internacional: sostenibilidad bajo escrutinio
Actores globales que monitorean el progreso hacia los ODS han señalado que las elecciones legislativas no pueden analizarse únicamente desde una perspectiva local. “La sostenibilidad es ahora un elemento de confianza macroeconómica y estabilidad social”, señaló un representante de una agencia de cooperación internacional, al evaluar la coyuntura regional. “Los países que integran sostenibilidad en su legislación y acuerdos políticos están mejor posicionados para atraer inversión extranjera responsable y participar en cadenas de valor globales”.
Para Colombia, un avance claro en políticas sostenibles no solo responde a necesidades internas, sino que lo proyecta como un socio estratégico en temas de cambio climático, conservación de biodiversidad y desarrollo rural.
La responsabilidad del periodismo en tiempos de complejidad
En un entorno donde la desinformación puede fragmentar percepciones y donde surgieron discusiones sobre una posible constituyente, la labor del periodismo trasciende la crónica electoral. No basta con cubrir quién obtiene cuántos escaños, sino explicar cómo esos resultados impactan sectores tan vitales como la sostenibilidad, la equidad social y los compromisos internacionales.
El periodismo tiene la responsabilidad de ofrecer contexto, analizar propuestas, contrastar información y dar voz a comunidades afectadas por decisiones que se toman en Bogotá o en Bruselas. Especialmente cuando emergen narrativas polarizadas que pueden desviar la atención de temas estructurales —como los ODS— hacia debates fragmentados sobre procedimientos o crisis institucionales, el rol del periodismo informado y responsable es esencial para mantener un debate público que no ceda a la simplificación.
Elecciones y desarrollo sostenible: más que una coincidencia
Lo que está en juego el 8 de marzo es, en última instancia, la capacidad del país para articular una visión de desarrollo sostenible que no se quede en el papel. Las prioridades del Congreso saliente y entrante determinarán si Colombia puede avanzar en movilidad sostenible, inclusión social, educación transformadora y protección ambiental, o si quedará atrapada en ciclos de corto plazo que postergan estas metas.
Las elecciones no son un evento aislado: son un punto de inflexión para determinar si la política colombiana integra —de manera coherente y responsable— los pilares de sostenibilidad que el mundo exige y que sus ciudadanos merecen.