🪰 La mosca en la sopa
En Colombia, la sopa democrática viene servida con una mosca flotando en el centro del plato. No es casualidad. No es accidente. Es descaro gourmet. La oposición, esa cofradía de reciclados políticos con vocación de mártires institucionales, ha decidido que si no pueden gobernar por votos, lo harán por vallas, por cortes amañadas y por embajadas extranjeras. Bienvenidos al bufé de la desvergüenza.
Uribe libre, cortes servidas
La reciente libertad de Álvaro Uribe, ese prócer de la impunidad, no fue una decisión judicial: fue un brindis entre magistrados con toga y camiseta del Centro Democrático debajo. La Corte, que debería ser el último bastión de la legalidad, se convirtió en un club de fans con toga. ¿Pruebas? ¿Testigos? ¿Principios? Todo eso fue declarado “no vinculante” por el nuevo manual de jurisprudencia uribista: “Si el acusado es nuestro jefe, se archiva”.
Vargas Lleras: el regreso del muerto político
Y como si el país no tuviera suficientes fantasmas, reaparece Germán Vargas Lleras, el hombre que tiene más investigaciones que propuestas. Su retorno no es una resurrección, es una infestación. Cambio Radical, ese partido que debería llamarse “Cambio de expediente”, lo recibe como el mesías del clientelismo. ¿Su plataforma? La misma de siempre: cemento, contratos y una memoria selectiva que olvida los escándalos pero recuerda los favores.
Viajes a Gringolandia: turismo de traición
Mientras tanto, algunos alcaldes decidieron que la mejor forma de defender la democracia colombiana era pedir que la descertificaran. Se fueron a Washington como quien va a Disney, pero en vez de orejas de Mickey, llevaron carpetas llenas de quejas contra su propio país. ¿La meta? Que Colombia sea tratada como un narcoestado, justo cuando se intenta desmontar el modelo de guerra que ellos mismos ayudaron a construir. ¿Patriotismo? No. Es turismo de traición con viáticos pagados.
Trump y Rubio: padrinos de la oposición
Y como si no bastara con los actores locales, reaparecen Donald Trump y Marco Rubio, esos dos entusiastas del intervencionismo tropical. Desde sus oficinas climatizadas en Miami, lanzan bendiciones a la oposición colombiana, como si fueran los nuevos libertadores. ¿Quién les dio vela en este entierro? Nadie. Pero cuando la derecha criolla necesita legitimidad, acude a sus padrinos gringos como quien busca indulgencias en el Vaticano de la ultraderecha y mas si el actual gobierno les esta dejando sin mercancía para mantener a sus viciosos “tranquilos y calmados”
Vallas, difamación y silencio judicial
En las calles, las vallas pagadas para desprestigiar a candidatos del oficialismo se multiplican como hongos en temporada de humedad. Acusaciones sin pruebas, montajes grotescos, caricaturas dignas de un panfleto de guerra sucia. ¿Y la justicia electoral? Bien, gracias. El CNE, plagado de “magistrados” uribistas, se dedica a contar votos imaginarios mientras ignora las campañas de difamación. La ley se aplica con bisturí quirúrgico: sólo corta a la izquierda.
CNE: Consejo Nacional de Elites
El Consejo Nacional Electoral ya no es árbitro, es parte. Sus decisiones parecen redactadas en la sede del Centro Democrático, con correcciones de estilo hechas por Cambio Radical. Las sanciones son selectivas, las investigaciones son decorativas y las garantías son una broma de mal gusto. Si el candidato es progresista, se le exige hasta el certificado de buena conducta del jardín infantil. Si es uribista, se le concede indulgencia plenaria.
La nueva alianza: Uribe – Vargas Lleras – los reciclados”
Y como si el descaro necesitara una firma notarial, los opositores de ayer se abrazan hoy en torno a Uribe y Vargas Lleras. Exaliados de Petro, exministros arrepentidos, exprogresistas con nostalgia de contratos, todos se alinean en una coalición que no tiene ideología, sólo intereses. La cumbre de la oposición, anunciada como evento histórico, parece más bien una convención de exfuncionarios buscando reincorporación.
Constituyente: o se hace ya, o se acaba todo
La democracia colombiana no está en crisis: está en cuidados intensivos, con respirador prestado y médicos que cobran por hora. La única salida real es una Asamblea Constituyente que limpie la mesa, que revise las reglas, que devuelva el poder al pueblo. No se trata de una reforma, se trata de una refundación. Porque si seguimos esperando, lo que se acaba no es el gobierno: es el país.
¿Debacle o descaro?
La corrupción de hoy no llegó por accidente. Fue puesta ahí con pinzas, por manos expertas en sabotaje institucional. La oposición no quiere gobernar: quiere desestabilizar. No busca votos: busca caos. Y mientras tanto, los medios tradicionales siguen hablando de “polarización”, como si esto fuera un debate entre iguales. No lo es. Es una guerra entre quienes quieren construir país y quienes quieren recuperar privilegios.
Adenda confidencial: si la justicia hiciera su trabajo…
Si los entes de control y justicia decidieran intervenir hoy los partidos de oposición —y de paso a los desertores del Pacto Histórico que aterrizaron en el uribismo como quien cae en una piscina de cloro político— el operativo sería digno de crónica roja. Una redada estilo chiquiteca: luces apagadas, música cortada, y adolescentes corriendo con la cara llena de glitter institucional. No quedaría ni el polvo. Se llevarían desde los DJ del clientelismo hasta los meseros del soborno. Y en el lugar del evento, sólo quedaría el eco de los discursos vacíos y el olor rancio de la doble moral. Pero claro, eso supondría que los entes de control no estuvieran en la lista de invitados