Redacción Internacional
Bogotá / Washington, 28 de septiembre de 2025 — En un giro inesperado de la diplomacia entre Colombia y Estados Unidos, el gobierno estadounidense anunció oficialmente la revocación de la visa del presidente colombiano Gustavo Petro. Según la Casa Blanca, la medida se justifica por las “acciones incendiarias e imprudentes” del mandatario durante una concentración pro-palestina en Nueva York, en las que instó a soldados estadounidenses a desobedecer órdenes de Donald Trump.
El suceso marca un capítulo delicado en las relaciones bilaterales, con consecuencias que van más allá del gesto simbólico. Aquí te explico sus motivaciones, efectos inmediatos y de largo plazo, lo que implicará para la imagen internacional de ambos, para los empresarios de ambos países y una reflexión sobre la naturaleza y función de la visa estadounidense.
¿Qué argumentos ha planteado el gobierno Trump?
Según el Departamento de Estado, la decisión de revocar la visa de Petro se fundamenta en sus declaraciones durante una protesta frente a la sede de la ONU en Nueva York. Allí, el presidente colombiano invitó a los soldados de EE. UU. a desobedecer órdenes del mandatario estadounidense y exhortó a una intervención militar internacional que “libere Palestina”, con una fuerza mayor que la de EE. UU. e Israel.
La Casa Blanca calificó esas manifestaciones como “irresponsables” y “provocadoras”, al considerar que incitaban a la insubordinación dentro de las fuerzas armadas estadounidenses.
Aunque el anuncio no entra en detalles legales profundos sobre normas de inmigración, en la práctica EE. UU. goza de amplio margen discrecional para negar, revocar o suspender visas por razones de seguridad nacional, conducta pública u otros criterios, sin que el titular de la visa tenga derecho automático a apelarla con éxito.
Además, esta decisión se inserta dentro de un contexto de creciente tensión previa: hace meses, Colombia rechazó el aterrizaje de aviones militares estadounidenses que transportaban ciudadanos deportados, lo que generó amenazas de aranceles, sanciones y restricciones migratorias por parte de la administración Trump.
En suma: el retiro de la visa de Petro no es un acto aislado, sino la manifestación simbólica más visible de una escalada diplomática entre ambos países.
Implicaciones de corto y largo plazo para ambos gobiernos
Corto plazo
Aislamiento simbólico y diplomático: Petro queda excluido del mecanismo clásico de visitas oficiales o participación fácil en foros en EE. UU., al menos con visa ordinaria. Su acceso dependerá de excepciones como invitaciones oficiales especiales, visados diplomáticos o ajustes administrativos.
Desacuerdos públicos intensificados: Bogotá respondió con dureza, acusando al gobierno estadounidense de violentar normas de inmunidad diplomática e interrumpir la libertad de expresión. Petro incluso propuso que la sede de la ONU debería moverse fuera de EE. UU. por “riesgo de represalias políticas”.
Tensión en agenda multilateral: Las embajadas y misiones diplomáticas deberán navegar con mayor cautela la cooperación en seguridad, lucha contra narcotráfico, migración y temas consulares.
Largo plazo
Precedente para uso coercitivo de visados: La decisión podría incentivar que EE. UU. recurra con más frecuencia a las visas como herramienta de presión diplomática, extendiéndose a otros países latinoamericanos o aliados.
Reconfiguración de alianzas regionales: Colombia podría buscar reforzar vínculos con otras potencias (China, Unión Europea, países del sur global) como paliativo a un viento más adverso desde EE. UU.
Riesgo comercial y reputacional: Si las tensiones escalan, podrían surgir sanciones, obstáculos al comercio y barreras no arancelarias que afecten los flujos de capital, inversión extranjera, y acuerdos logísticos.
Desconfianza en significados diplomáticos clásicos: Las relaciones bilaterales podrían quedar más episodiales, pragmáticas y menos sujetas a la “amigabilidad histórica”, con una menor predictibilidad en decisiones mutuas.
Para Colombia, someterse a un nuevo ciclo de tensiones podría debilitar su posición frente a actores globales; para EE. UU., la medida refuerza su mano dura, pero acarrea críticas de unilateralismo.
¿Cómo afecta esto la imagen de Trump y de Petro ante la comunidad internacional?
Refuerza la narrativa del “imperio que impone condiciones”: Estados Unidos exhibe su capacidad de sancionar a un líder extranjero por discursos políticos, lo que puede proyectar poder, pero al costo de acusaciones de autoritarismo o hipocresía diplomática.
Renueva el cuestionamiento sobre el respeto a protocolos del derecho internacional: algunos analistas observarán si se vulnera la inmunidad diplomática, la libertad de expresión o normas internacionales de la ONU.
Para los aliados que aprecian un enfoque más colaborativo, este tipo de tácticas podría agravar reservas sobre la reliabilidad de EE. UU. como socio diplomático.
Puede proyectarse como un presidente valiente que planta cara al poder, lo que fortalece su base política interna y en sectores críticos con la hegemonía estadounidense.
Pero también enfrenta el riesgo de ser visto como extremista o con discurso imprudente, con efectos negativos si pierde el balance diplomático en momentos sensibles.
Internacionalmente, Colombia puede aparecer como un país más independiente frente a EE. UU., lo que le abre simpatías ante países del Sur global, aunque también puede aislarlo en algunos foros donde EE. UU. ejerce influencia.
En resumen, cada lado arriesga imagen: EE. UU. gana un efecto de contundencia y control, pero puede perder credibilidad como respetuoso del derecho internacional; Petro gana audacia retórica, pero puede ver debilitada su interlocución en diplomacia tradicional.
¿Para qué sirve la visa gringa?
La visa estadounidense (turista, de negocios, diplomática u otros tipos) cumple funciones esenciales:
– Control migratorio: permite a EE. UU. autorizar o negar entrada de extranjeros, con criterios de seguridad, antecedentes, intenciones declaradas, etc.
– Interlocución diplomática y protocolar: las visas diplomáticas o oficiales facilitan que gobiernos, jefes de Estado, funcionarios participen en reuniones, conferencias o visitas oficiales con menos obstáculos administrativos.
– Facilitador del intercambio económico y cultural: muchos empresarios, inversionistas, académicos, profesionales la necesitan para negocios, reuniones, tratados, ferias, siete ciudades de operación o supervisión.
– Palanca de presión diplomática: como se evidencia ahora, puede usarse como sanción simbólica o práctica para castigar discursos, acciones o alineamientos contrarios a intereses estadounidenses.
En este caso, la retirada de la visa sirve como mensaje de que EE. UU. condiciona no solo acciones materiales, sino también el discurso del gobernante colombiano.
Impacto para los empresarios y el comercio bilateral
La decisión no solo es un pulso político: tiene implicaciones reales para quienes participan en el comercio y la inversión entre Colombia y EE. UU.
Riesgos inmediatos
Inseguridad jurídica creciente: si las consecuencias diplomáticas escalan, podrían venir obstáculos aduaneros, demoras en permisos, inspecciones arbitrarias o nuevas barreras regulatorias para productos colombianos hacia EE. UU.
Percepción de riesgo país: los inversionistas estadounidenses pueden reevaluar proyectos en Colombia si perciben una política exterior volátil, con riesgos de represalias diplomáticas.
Dificultades para desplazamientos de personal: ejecutivos, técnicos o expertos colombianos que emprendían viajes a EE. UU. podrían enfrentar mayores rechazos, controles o demoras de visas (o denegaciones preventivas), lo que entorpece operaciones globales.
Contramedidas comerciales: Bogotá podría responder con aranceles, barreras o regulaciones ofensivas, lo que afectaría empresas de EE. UU. que exportan a Colombia (maquinaria, insumos, bienes industriales).
Afectación a cadenas logísticas: mayor control en transporte marítimo, seguro, certificaciones, revisiones TSA/aduaneras, franquicias tributarias — todo puede volverse más rígido si el conflicto se endurece.
Oportunidades y estrategias de mitigación
Diversificación de mercados: empresas colombianas podrían acelerar estrategias hacia Europa, Asia, Latam, evitando depender exclusivamente del comprador estadounidense.
Alianzas neutrales o regionales: promover joint ventures con empresas de terceros países podría reducir vulnerabilidad al choque directo entre Bogotá y Washington.
Cláusulas de estabilidad en contratos internacionales: anticipar en contratos posibles sanciones diplomáticas y prever mecanismos de compensación.
Inteligencia legal y de riesgo: monitorear políticas migratorias, sanciones, decisiones de OFAC, normativas aduaneras, certificaciones ambientales u otros requisitos que pueden usarse como palanca política.
Lobby diplomático-comercial: aprovechar instancias multilaterales (OEA, CAN, Mercosur, UE) para presionar por neutralidad o equilibrios frente a medidas excesivas.
Conclusión
La revocación de la visa de Gustavo Petro por parte de EE. UU. es más que un gesto simbólico: es un uso deliberado del poder diplomático para imponer límites al discurso político de un mandatario aliado. Tiene repercusiones inmediatas —aislamiento simbólico, choque diplomático, riesgo comercial— y efectos de largo plazo que podrían remodelar la relación entre Colombia y EE. UU.
Para Trump y su administración, la medida refuerza una estrategia de “fuerza global”, pero obliga a lidiar con críticas por intervencionismo y vulneración de normas diplomáticas. Para Petro, la decisión puede fortalecer su perfil de líder contestatario, pero debilita su margen de maniobra en la diplomacia tradicional.
Y para los empresarios, lo que empezó como una disputa política puede traducirse en obstáculos operativos reales: demoras, denegaciones de visas, costos adicionales o represalias comerciales. En este contexto, quienes participan en el comercio bilateral deben moverse con cautela, anticipar escenarios de riesgo, diversificar mercados y asegurarse de que sus operaciones sean lo más resilientes posible frente a crisis diplomáticas.