Redacción Economía y Negocios
Durante décadas, el dólar estadounidense ha sido el idioma universal del comercio internacional. Desde el petróleo hasta los microchips, desde los préstamos multilaterales hasta las reservas de los bancos centrales, el billete verde ha dominado las transacciones globales. Pero en 2025, ese paradigma está cambiando. Más de 90 países han iniciado una ruptura histórica con el dólar como moneda de referencia. Y aunque Colombia aún no lo discute, el impacto podría ser profundo.
Una rebelión monetaria silenciosa
La desdolarización no es una consigna ideológica ni una moda pasajera. Es una estrategia geoeconómica que busca autonomía frente a las sanciones, volatilidades y presiones políticas de Estados Unidos. Países como China, Rusia, India, Brasil, Irán y Sudáfrica —los llamados BRICS— están liderando acuerdos bilaterales para comerciar en yuanes, rublos, rupias o monedas locales.
En África, naciones como Nigeria, Egipto y Kenia han comenzado a usar el yuan en sus intercambios con China. En Asia Central, Kazajistán y Uzbekistán han firmado pactos para transacciones en rublos. Incluso en América Latina, Argentina y Brasil han explorado mecanismos alternativos para evitar el dólar en sus relaciones comerciales.
¿Por qué ahora?
La pandemia, la guerra en Ucrania, las sanciones financieras y la inflación global han acelerado el deseo de soberanía monetaria. Para muchos países, depender del dólar significa estar expuestos a decisiones de la Reserva Federal, a bloqueos bancarios y a fluctuaciones que no controlan.
Además, el auge de las monedas digitales, las plataformas de pago descentralizadas y los bancos regionales ha facilitado la transición. Ya no se necesita pasar por Wall Street para mover dinero entre continentes.
Colombia: ¿preparada o rezagada?
En este nuevo mapa monetario, Colombia sigue atada al dólar. El 80% de sus reservas internacionales están en dólares. Las exportaciones de petróleo, café y flores se cotizan en dólares. Los préstamos externos, los pagos de deuda y las inversiones extranjeras se negocian en dólares.
Pero ¿qué pasará si el dólar pierde valor o influencia? ¿Qué ocurrirá si los socios comerciales de Colombia —como China o Brasil— exigen transacciones en otras monedas? ¿Está el país preparado para diversificar sus reservas, adaptar sus sistemas de pago y negociar en un mundo multipolar?
Hasta ahora, ni el Banco de la República ni el Ministerio de Hacienda han emitido alertas o planes de contingencia. Y en los medios, el tema apenas se menciona.
El silencio estratégico
A diferencia de otros países que han abierto debates públicos sobre la desdolarización, en Colombia el tema parece tabú. ¿Por qué este silencio?
Algunos economistas señalan que existe una dependencia estructural del dólar que impide pensar alternativas. Otros advierten que hay temor a incomodar a Estados Unidos, principal socio comercial y aliado político. Pero también hay una falta de presión ciudadana para exigir transparencia y visión estratégica.
En un país donde la inflación, la deuda externa y la desigualdad siguen siendo desafíos, ignorar los cambios monetarios globales es una forma de ceguera institucional.
Voces que alertan
En entrevistas con analistas financieros y académicos, varios coinciden en que Colombia debería comenzar a diversificar sus reservas y explorar acuerdos bilaterales en monedas locales.
“Si más países abandonan el dólar, Colombia quedará en desventaja competitiva. No se trata de ideología, sino de pragmatismo”, afirma Laura Rodríguez, economista de comercio internacional.
Por su parte, el investigador Andrés Mejía advierte que “la desdolarización es una oportunidad para fortalecer el peso colombiano, negociar con nuevos bloques y reducir la vulnerabilidad ante sanciones o crisis externas”.
¿Y ahora qué?
La desdolarización no significa el fin del dólar, pero sí su transformación. En lugar de ser el único eje del comercio global, será uno más entre varios. Esto implica:
• Revisar las reservas internacionales y diversificarlas con otras monedas.
• Actualizar los sistemas de pago para permitir transacciones en yuanes, euros o monedas regionales.
• Negociar acuerdos bilaterales que incluyan cláusulas de moneda local.
• Educar a la ciudadanía sobre los riesgos y oportunidades de este cambio. Para Colombia, esto podría significar mayor autonomía, mejores condiciones de negociación y menor exposición a crisis externas. Pero también exige liderazgo, visión y voluntad política.